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Si en el segundo minuto de partido, con Cristiano Ronaldo encarando gallardo la responsabilidad de lanzar un penalti, hubiéramos preguntado a cualquier seguidor del Barça que si firmaba el empate a cero como resultado final habría dado sin duda el visto bueno. Pero el portugués falló la pena máxima y con ella marró prácticamente la única oportunidad de la que dispuso el Manchester United en el Camp Nou. A partir de ahí el Barcelona dominó de forma absoluta pero sin definición, con lo que el marcador final (0-0), sin ser un mal resultado se queda corto para los azulgrana a tenor de cómo se desarrolló el encuentro.
Pocos esperaban un planteamiento tan especulativo por parte de Ferguson, máxime cuando en liza había puesto un equipo ofensivo con Rooney, Tévez y Cristiano Ronaldo como punta de lanza, y sólo dos centrocampistas puros. Rijkaard por su parte optó por alinear a Deco en lugar de poner de inicio a Bojan o a Henry como se esperaba. La verdad es que en un principio me pareció una buena decisión; pero tal y como fue el partido, hubiera dado entrada a un delantero más mucho antes de que se animará a hacerlo finalmente el técnico holandés, bien entrada ya la segunda parte.
Y es que el mejor equipo de Europa en estos momentos parecía empeñado en no querer demostrarlo. Deliberadamente se encerró atrás con un orden defensivo perfecto, basculando las líneas de forma magistral ante las llegadas locales, cerrando espacios en una lección de orden táctico. Para mí está claro que Ferguson vio por delante un partido de 180 minutos, con además un decisivo paréntesis ante el Chelsea de por medio, en el que Old Trafford se convertía en su gran apuesta para llevarse la eliminatoria.
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