
En la fiesta de los grandes de Inglaterra se ha colado un extraño. O al menos un no habitual en las últimas fechas, pues sí tuvo sus momentos de gloria a comienzos de los ochenta, cuando Jimmy Rimmer, Dennis Mortimer, Gary Shaw, Tony Morley o Peter Withe, entre otros muchos, tocaron el cielo de Europa en Rótterdam a principios de los ochenta. Esos tiempos de esplendor ya pasaron y ahora el Aston Villa, después de haber quedado relegado a la zona media alta de la tabla, reclama la gloria para sí, pidiendo con firmes argumentos paso entre los grandes.
Sí, los villanos han resurgido en esta campaña. Martin O’Neill, técnico norirlandés, que devolvió al Celtic a la cima de Escocia, ganando tres ligas y llevándolo a una final de UEFA en la primera mitad de la actual década, es el responsable del ambicioso proyecto de los de Villa Park, desde el verano de 2006. Cogió a un equipo que había coqueteado con la First en la 05/06, lo asentó en su primer año y lo dejó en UEFA en la anterior temporada. En el presente ejercicio parece que los de Birmingham están dispuestos a dar un paso más y pelean de tú a tú los puestos Champions con Arsenal y United.




Los partidos entre Arsenal y Manchester United de los finales 90 y primeros años de la presenta década del nuevo milenio eran todo menos amigables. Ambos equipos, antes de la irrupción del Chelsea de Abramovich y ante la ausencia competitiva del Liverpool (hace casi veinte años que los reds de Anfield no ganan la Premier), se discutían en solitario la hegemonía del fútbol británico, y más desde la llegada al banquillo, primero de Highbury y ahora en el nuevo Emirates Stadium, de Arséne Wenger. Míticas ya quedan en el recuerdo por ejemplo las broncas en los túneles de vestuarios entre Patrick Viera y Roy Keane, capitanes por entonces de ambos equipos.

Tras presenciar la eliminatoria europea antes el FC Barcelona, se ha instalado en los medios y en la afición la idea de que el Manchester United no es para tanto, ni que su propuesta ofensiva merece tanto crédito.
Fue el 6 de febrero de 1958. Aunque en la actualidad nos cueste trabajo ponernos en esa situación, hace cincuenta años, en Manchester, no era tan sencillo saber qué estaba ocurriendo en los hospitales de Munich. Un avión Elizabethean de la compañía BEA que transportaba al Manchester United desde Belgrado acababa de estrellarse en el aeropuerto alemán al tercer intento de despegue en un lúgubre día invernal. No todos los pasajeros sobrevivieron.

