
Pudiera ser elevado sobre la piedra, acompañado del nombre de sus obras como José María de Pereda en los jardines de su mismo nombre; o sentado sobre las flores de Puerto Chico, como el médico y catedrático Guillermo Arce; o quizá mirando al mar en el paseo Reina Victoria como el poeta Gerardo Diego. Sí, lo sé, es exagerado, pero llevado por la euforia no sería de extrañar que viendo alguna de las intervenciones de Toño ante el Real Madrid el pasado sábado y, sobre todo, hace algo más de una semana ante el Atlético, algún aficionado racinguista demandase un monumento en Santander al guardameta del Racing, que se encuentra actualmente, a sus 32 años, en el mejor momento de su carrera.
La temporada del Racing de Santander así como sus problemas institucionales no invitan a alegrías, y eso a pesar de que ahora existe una esperanza por la permanencia que parecía desvanecerse a principio de temporada, pero la temporada de Toño es una de las grandes noticias en el seno del club verdiblanco. A punto estuvo el ambicioso proyecto del Málaga de incorporar al cancerbero por petición expresa de Pellegrini, que no confiaba en exceso en el argentino Willy Caballero, pero para fortuna del Racing, Toño permaneció en El Sardinero tras ser pieza clave en la permanencia la pasada campaña y uno de los pilares para que existan este año posibilidades.




