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Por la puerta de atrás se va quien no quiere hacer ruido. Por la trasera lo hace quien no se ha sentido valorado, quien quizá llegó con una expectativa que nunca alcanzó. Como con la boca pequeña, a última hora, y sin prácticamente tiempo a despedirse, Rafael Van der Vaart dijo adiós al Real Madrid. Ese día no se apagó el sol, ni siquiera acaparó portadas. El traumatismo por su marcha apenas se notó. Pero ese día el Real Madrid, el equipo de José Mourinho, quedaba huérfano de una zurda endiablada. Con la marcha de Royston Drenthe parecía que el capítulo de bajas se daba por cerrado en el Santiago Bernabéu. Hasta que llegó el Tottenham y se llevó a un subcampeón de la Copa del Mundo por 11 irrisorios millones de euros, aprovechando las urgencias de un Jorge Valdano y un Florentino Pérez que necesitaban ingresar dinero ante el dispendio económico realizado para satisfacer al nuevo dueño del banquillo blanco. No sin intriga, la Premier League dio por válido su fichaje y con él, se le abría al holandés un nuevo mundo en White Hart Lane.
Desde muy joven, y como sucede en Argentina con Maradona o en Francia con Zidane, pertenecer a la fructífera cantera del Ajax implica, casi de forma natural, ser comparado con la leyenda del club ajaccied. En este caso, por demarcación, al bueno de Van der Vaart se le colgó el cartel de nuevo Cruyff. Como suele suceder en estos casos de prematuro etiquetamiento, la realidad poco o nada tuvo que ver con la ficción de los que opinan, siempre esperando la mínima ocasión para asemejar características obvias (nacionalidad, posición, equipo) con talento innato. Pronto se vislumbró que Van der Vaart poco tenía que ver, salvo lo antedicho entre paréntesis, con el mítico ‘14’ naranja. Aun así, su talento, que poco o nada tenía que ver con el de quien fue comparado en sus inicios, era también una realidad. Su guante en la bota siniestra, sus disparos, sus asistencias. Todas esas características le llevaron a salir del nido, echar a volar. Y voló, para sorpresa de muchos, hacia Hamburgo. Un equipo que nada tenía que ver con Barcelona, Real Madrid, o tantos otros grandes equipos europeos que algún día suspiraron por sus servicios.
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