Las luces, los taquígrafos, los micrófonos y las noticias están centradas, desde que se acabó el Tottenham-Real Madrid, en el superávit de derbis que en poco más de una quincena abarrotaran la cordura de unos muchos. Pero entre tanto clásico, entre tanto protagonista, se ha colado un nombre propio que poco o nada tiene que ver con los colores que en los próximos días pintarán la actualidad muy a pesar de otros pocos.
Se trata del Villarreal, que sin hacer tanto ruido como los dos grandes, ha vuelto a demostrar que con pequeños pasitos uno puede convertirse en gigante. Si hace siete días ya dejó medio sentenciada la eliminatoria de cuartos de final ante el Twente con un triunfo incontestable (5-1), anoche, en terreno enemigo pero con la confianza y la seguridad adecuada, no sólo amplió el global (1-3), sino que se metió en semifinales de la Europa League por la puerta grande remontando un gol en contra.
Sí, Villarreal existe. Y si no, que se lo pregunten a los miles de aficionados que habrán estado enganchados al televisor o a los que hace una semana se subieron al submarino amarillo del Madrigal. Se ha quitado de en medio a nada más y nada menos que al líder de la liga holandesa. Sí, se trata de una liga menor, pero meterle ocho goles en dos partidos a cualquier equipo no es moco de pavo. Por muy infravalorado que esté un campeonato.



No están funcionando las cosas como se esperaban en Santander en el inicio del nuevo ejercicio. La sombra de Marcelino aún planea y la llegada de Juan Ramón López Muñiz no acaba de convencer a una afición que llevaba décadas esperando un momento como el de ofrecer su fútbol por Europa. Además, se marcharon piezas clave en el bloque como Jorge López o Duscher, cuyos sustitutos no consiguen hacer olvidar. En la Liga el equipo sólo ha sumado seis de los veintiún puntos en juego y ocupa una discreta decimocuarta posición. Muñiz hace semanas que anda cuestionado y la Copa de la UEFA, el sueño por el que suspiraban el curso pasado los aficionados racinguistas, puede convertirse en una pesadilla si ante los teóricos encuentros asequibles, como el que parecía ser ante el Twente, se tropieza de manera tan inesperada (1-0).

