
Primer día de noviembre, festividad de todos los santos o Halloween, costumbre americana cada año más arraigada en nuestro país. Calabazas, gatos negros, árboles oscuros o casas encantadas alimentan la imaginación de la fecha que rinde homenaje a todo aquello que nos da miedo o que no comprendemos. En una fecha tan señalada, las brujas tienen su particular día festivo y vía libre para practicar la hechicería. Sin embargo, en una parte de La Plata, en Argentina, a las Brujas no se las quema en la hoguera, se las venera. Primero a Juan Ramón “La Bruja” Verón. Cuatro décadas más tarde le tocó el turno a su primogénito, Juan Sebastián “La Brujita” Verón. Ambos saben lo que es ganar la Libertadores con Estudiantes de La Plata. Digo más: Estudiantes no sabe lo que es ganar la Libertadores sin un Verón en sus filas.
Uno fue delantero hasta 1981, el otro es enganche aunque ya ha anunciado que el final de año dará fin a sus días de futbolista. A sus 36 años, las lesiones así se lo aconsejan. Las crónicas relatan que Juan Ramón dejaba embrujado al rival cada vez que el balón acompañaba a sus botas, y así nació el apodo de La Bruja. Sin embargo, las malas lenguas afirman que alguien le encontró parecido con una bruja y así se le quedó. El apodo, esa cultura tan albiceleste, quedó como herencia de familia y a Juan Sebastián se le llamó La Brujita. Estudiantes de La Plata es el escudo de la familia, donde ambos debutaron y donde La Brujita colgará las botas al igual que hizo su padre hace ya treinta años.

Pep Guardiola lloró, no como un crío sino como un hombre. Como un hombre que ha trabajado para hacer de este Barcelona el mejor equipo del mundo. Y no hacía falta ganar para demostrarlo, pero, ya puestos, los azulgranas lo dieron todo para remontar a un rácano Estudiantes y sellar de manera formal un contencioso con la Historia. Mereció la pena, por todo. Y las lágrimas de Pep resbalaron por las mejillas de más de un enamorado del fútbol, un deporte que a punto estuvo de cometer una gran injusticia. Por suerte, Messi puso el corazón donde no pudo colocar la cabeza y empujó el balón al fondo de la portería argentina. Así conquistó el Barcelona su sexto título de la temporada, y así resolvió una historia que queda para los anales mágicos.


