Messi pone el corazón para darle al Barça el título de campeón del mundo
Pep Guardiola lloró, no como un crío sino como un hombre. Como un hombre que ha trabajado para hacer de este Barcelona el mejor equipo del mundo. Y no hacía falta ganar para demostrarlo, pero, ya puestos, los azulgranas lo dieron todo para remontar a un rácano Estudiantes y sellar de manera formal un contencioso con la Historia. Mereció la pena, por todo. Y las lágrimas de Pep resbalaron por las mejillas de más de un enamorado del fútbol, un deporte que a punto estuvo de cometer una gran injusticia. Por suerte, Messi puso el corazón donde no pudo colocar la cabeza y empujó el balón al fondo de la portería argentina. Así conquistó el Barcelona su sexto título de la temporada, y así resolvió una historia que queda para los anales mágicos.
No era comprensible; al menos, no era justo que el Barça no lograse ganar a Estudiantes. Cuánto complicó las cosas el conjunto de La Plata, que no ofreció nada que no fuese sacrificio. Nada de fútbol, sólo trabajo, presión y fuerza. El equipo catalán quedó atrapado en una maraña, en una guerra excesivamente dura para ofrecer un fútbol de toque y precisión. Xavi, Messi y compañía quedaron sometidos a marcajes férreos —presas de los ‘perros’ argentinos—, aunque Estudiantes no disputó la posesión, sino que se dedicó a perfeccionar la presión, a correr cualquier camino, a patalear balones y tobillos. La espalda de la defensa azulgrana era el único objetivo ‘pincha’, y así se vio en peligro a los cuatro minutos tras un pase de Verón a Braña, que no reaccionó ante la salida de Víctor Valdés. Cuatro después, turno de Xavi, que perdona en una gran ocasión de gol, centrando cuando debió probar a Albil.




