Dando la nota: Contra los fundamentalistas de la sinrazón
Si esto fuese un estadio de fútbol, bien serían ustedes los aficionados. Y dadas las discusiones que muchos mantienen en el blog —la mayoría sin puerto ni destino, todo hay que decirlo—, puede afirmarse que acaban ustedes a hostias virtuales de forma prácticamente diaria. Pues sepan, si eso a lo que muchos llaman debate llega a irritarme profundamente porque se convierte a menudo en un zafarrancho, cuánto pudo molestarme lo ocurrido el jueves en San Mamés. No porque sea del Athletic ni nada parecido, sino por dos cuestiones básicas.
Una, debido a que no soporto a los individuos violentos cualesquiera que sean sus variantes; aquí hablamos de fútbol, por tanto, detesto a todos esos malditos desechos sociales que se hacen pasar por seguidores de un equipo cuando en realidad lo único que hacen es canalizar sus instintos agresivos. Y otra, porque pensar en ellos me lleva a pensar también en las instituciones de nuestro querido fútbol (con nuestro no me refiero a España), que permiten a éstos que digo andar a sus anchas por este mundo del diablo, que siendo radicales de pensamiento y obra encuentran su sitio en el fútbol, incluso se dedican a viajar para animar a sus protegidos.



Hoy he tenido la oportunidad de visitar la exposición “Pasión en las gradas”, que estará hasta el 20 de abril en el Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona. La muestra está centrada en mostrar cómo el deporte Rey es un motor para que afloren nuestros sentimientos humanos más extremos: desde la lacra del odio, la violencia y el racismo hasta la pasión y el amor por unos colores. Una exposición sencilla y clara, basada en documentos gráficos y objetos que simbolizan recuerdan algunos de los hechos más destacados de la pasión futbolera.

Este pasado fin de semana ha ocurrido una cosa que debe hacernos reflexionar. Sitúense en Belgrado, donde Partizan y Estrella Roja mantienen una rivalidad encarnizada, un duelo a cuchillo que incluso alcanzó en su día connotaciones políticas.
El ventilador está en ‘on’ y la mierda no para de salpicar a River. Al club millonario se le está poniendo la cosa fea. Cada vez más sus dirigentes se encuentran en un callejón sin salida y parece que o empiezan a colaborar con la policía o van a sentir cada vez más de cerca el aliento de la justicia.
Aquí en España se lanza alguna que otra bengala y a veces se habla de violencia en los estadios. Algo hay, pero nada comparable, absolutamente nada, con lo que ocurre a diario en las canchas argentinas. En cada jornada hay un incidente y en ese país las autoridades empiezan a estar totalmente desbordadas pues no saben como encarar un problema que día a día va a más, porque son los propios clubes, en la mayoría de los casos, los que se niegan a erradicar el asunto. La última muestra de que la cosa se está poniendo fea la tuvimos el pasado domingo en la previa del encuentro que River disputó ante Lanús. 

