Hoy he tenido la oportunidad de visitar la exposición “Pasión en las gradas”, que estará hasta el 20 de abril en el Espai Cultural Caja Madrid de Barcelona. La muestra está centrada en mostrar cómo el deporte Rey es un motor para que afloren nuestros sentimientos humanos más extremos: desde la lacra del odio, la violencia y el racismo hasta la pasión y el amor por unos colores. Una exposición sencilla y clara, basada en documentos gráficos y objetos que simbolizan recuerdan algunos de los hechos más destacados de la pasión futbolera.
La primera sala está centrada en la violencia en las gradas, bajo el título de “fuerza”, recordando algunas de las tragedias más destacadas del la historia del balompié y bien conocidas por cualquier buen aficionado al fútbol. El enfrentamiento conocido como la “guerra del fútbol”, vio como a partir de un encuentro clasificatorio para el Mundial de 1970 entre las selecciones de El Salvador y Honduras, ambas naciones centroamericanas iniciaban un conflicto bélico que se resolvió en unos pocos días “con un empate” según reza en la exposición, pero con miles de bajas en ambos bandos entre civiles y militares. No podía faltar tampoco en esta parte de la muestra la tragedia de Heysel, así como otros ejemplos de violencia extrema en las gradas.



Este pasado fin de semana ha ocurrido una cosa que debe hacernos reflexionar. Sitúense en Belgrado, donde Partizan y Estrella Roja mantienen una rivalidad encarnizada, un duelo a cuchillo que incluso alcanzó en su día connotaciones políticas.
El ventilador está en ‘on’ y la mierda no para de salpicar a River. Al club millonario se le está poniendo la cosa fea. Cada vez más sus dirigentes se encuentran en un callejón sin salida y parece que o empiezan a colaborar con la policía o van a sentir cada vez más de cerca el aliento de la justicia.
Aquí en España se lanza alguna que otra bengala y a veces se habla de violencia en los estadios. Algo hay, pero nada comparable, absolutamente nada, con lo que ocurre a diario en las canchas argentinas. En cada jornada hay un incidente y en ese país las autoridades empiezan a estar totalmente desbordadas pues no saben como encarar un problema que día a día va a más, porque son los propios clubes, en la mayoría de los casos, los que se niegan a erradicar el asunto. La última muestra de que la cosa se está poniendo fea la tuvimos el pasado domingo en la previa del encuentro que River disputó ante Lanús. 

