Los barcelonistas más optimistas se frotaban las manos a eso de las ocho de la tarde. A esa hora, en Madrid, muchos se quedaban boquiabiertos con el asalto al Bernabéu del Zaragoza. El título, a siete puntos antes del inicio de la jornada, estaba a tiro. Y ese tiro, dos horas después, le salió por la culata al Barcelona, que deberá esperar al menos una semana para sentirse de manera matemática campeón. La Real Sociedad puso el freno a la euforia culé ganando al actual líder a la vez que respiraba en su camino a la salvación de una categoría a la que aterrizó esta temporada tras vagabundear mucho tiempo en el pozo de Segunda.
Pep Guardiola, al contrario que su homólogo –claro está—modificó sustancialmente su once inicial. Comenzando por la retaguardia, donde Pinto fue titular no fuese cosa que Víctor Valdés se lesionara por esas cosas de la vida y tuviera que afrontar, el técnico de Santpedor, la vuelta de las semifinales de la Champions League con un portero del filial, ya que Pinto, sí o sí, no estará entre los convocados por sanción. Sea como fuere, Pep también dio entrada a Montoya, Milito, Fontàs en una inhabitual banda izquierda y en el medio del campo apostó por otro canterano como Thiago. Jeffren o el cada vez más adaptado Afellay también salieron de la partida. Como Messi, al que Guardiola no quiso dar descanso y al que le otorgó la posibilidad de ampliar su cuenta goleadora, aunque esta vez el argentino no mojó.




