
Ni el ambiente, ni el juego, ni las caras denotaban ayer al término del partido que enfrentó al Barça con el Schalke 04 que el conjunto catalán hubiera logrado su pase a las semifinales de una Champios en la que los de Rijkaard se han convertido en la única alternativa a la apisonadora en la que se ha convertido el fútbol inglés.
El Barça encaraba el partido frente a los alemanes tras haber dejado la eliminatoria prácticamente sentenciada en Gelsenkirchen, pero el miedo a perder, a sumar una nueva decepción ante los hastiados seguidores azulgrana atenazó a los futbolistas de Rijkaard. El Schalke 04, en la primera parte, pareció mucho más de lo que nos había mostrado en Alemania y el Barça, sobre todo el Barça, fue un equipo pequeño, a merced del rival y al que solo la fortuna lo mantuvo a flote.
El rocambolesco gol de Yaya Toure al borde del descanso - sin duda el mejor de los azulgrana ayer – fue balsámico para los cules y la puntilla para los alemanes. En la segunda parte, el Barça tomó el mando del partido y sin hacer ningún tipo de alarde, controló el juego, se hizo con el balón y pudo haber marcado varios goles más de no ser por la alarmante falta de acierto de la pareja Henry-Eto’o, que siguen muy lejos de su mejor forma.



