Un 20 de junio de 1976, alguien tuvo la osadía de reinventar el penalti. La forma de marcar un penalti. No fue en una liga de empresa, ni en una pachanga con los amigos. Fue en la final de la Eurocopa de Yugoslavia. Contra la Alemania Federal de Franz Beckenbauer, campeona de la edición anterior y del Mundial de 1974. Hay que tenerlos cuadrados para atreverse con algo así. Antonín Panenka los tuvo en el lazamiento decisivo, tras el fallo de Uli Hoeness. El genio checoslovaco dio el trofeo a su país con una caricia desde los 11 metros. Podría haberlo fallado y acabar perdiendo. Sin título, ni gloria, ni recuerdo. Pero eligió arriesgar y acertó. Checoslovaquía ganó el torneo y entró en la historia de los campeones europeos. Panenka adornó su penalti y entró en la historia del fútbol. Cada vez que un jugador sublima una pena máxima como lo hizo él, 35 años atrás, se dice que lo ha tirado a lo Panenka.

Era siempre una selección a tener en cuenta, abanderada por su competitividad en casi cualquier deporte. Tras la caída del comunismo y la desmembración de Yugoslavia, Croacia y Serbia son repúblicas más importantes futbolísticamente hablando. En especial los croatas están en forma y acuden a la Eurocopa con la eliminación de Inglaterra como tarjeta de presentación. Poco después de conseguir su independencia, Croacia lograba un logro sin precedentes consiguiendo el tercer puesto en el Mundial de 1998, superando las actuaciones de Yugoslavia y de paises como España, sin ir más lejos.

