
Ha llovido mucho desde que Maradona pusiera en pie por última vez al estadio de San Paolo. Si vivir un partido en el estadio del Nápoles es una experiencia apasionante, haberlo hecho viendo a Maradona en su mejor momento debió haber sido una pasada. En San Paolo confluye todo el caos que se percibe en las calles de la principal capital del Sur de Italia, sus gradas se convierten durante los noventa minutos de partido en un hervidero de pasiones desenfrenadas, un ambiente alocado, posiblemente genuino en Europa, que ni siquiera la pista de atletismo que rodea el tapete puede enfriar.
En esta campaña en San Paolo están reviviendo viejos tiempos, tiempos olvidados en una etapa moderna llena de descensos, ascensos e incluso desapariciones. El Nápoles está de nuevo de pie y en esta campaña, con ocho jornadas disputadas, asume el liderato junto a Udinese e Inter de Milán. Sin querer pecar de ambiciosos, siempre con cautela, los hinchas napolitanos sueñan con revivir épocas de gloria. El gran gigante del Sur, el cuarto equipo más popular de Italia, sólo superado por Juve, Milán e Inter, regresa a la escena de los grandes. Y lo mejor de todo es que lo hace con argumentos de peso. Este fin de semana le ganó 0-1 a una Lazio al alza.



