Forlán y Agüero marcan, luego el Atlético existe. En Jerez funcionó la fórmula y se han impuesto los rojiblancos por cero a dos al conjunto azulino, algo más que un candidato para emprender el camino a Segunda. Como el Atlético tampoco es que muestre mucho fútbol, no se pierde uno casi nada por ver el partido en la preferencia baja de Chapín, desde donde he comprobado —eso sí, entre seguratas y recogepelotas— que si este equipo ha de dar un paso adelante y un saltito de calidad será de la mano de un mejorado Reyes.
El sevillano se ha mostrado eléctrico desde el inicio, más enchufado que nadie, y no sólo por su capacidad para aguantar el balón, encarar y buscar espacios, sino por su impresionante desgaste físico en tareas defensivas. Así como Agüero gambetea y corre con el balón pero no presiona en exceso —perdonado queda por sus dotes superiores— el de la carretera de Utrera se ha fajado y ayudó al Atleti a superar su apatía general. Al menos, desde el subsuelo jerezano fue el más destacado.

Craso error para los amantes del espectáculo el de Pep Guardiola al dejar en el banquillo a su tridente ultraofensivo: Messi, Ibrahimovic e Iniesta. Gran error porque el público de Chapín no sólo se aburrió con el mal juego de su equipo, negado de cara al gol, sino que también echó de menos el fútbol al que tiene acostumbrado al mundo el Barcelona. El cuadro catalán hizo de lo mínimo su máxima y no fue hasta la salida de los tres suplentes de lujo cuando se vislumbró algo de buen fútbol en Jerez de la Frontera.




A pesar de que no es políticamente correcto decirlo, a veces los triunfos tienen nombres propios. Eso es así. El Osasuna derrotó ayer a uno de los favoritos para hacerse con la UEFA. Mandó a su casa ni más ni menos que al Glasgow Rangers, que hace unos meses se frotaba las manos soñando con jugar la final en su ciudad. Pues va a ser que no. 

