
Jugar la Liga de Campeones desgasta, sobre todo si una plantilla se va viendo mermada por lesiones. El Atlético de Madrid sufrió hace unos meses la intensidad de la alta competición, el propio Sevilla, que se llegó a quedar sin delanteros, sufrió de lo lindo no hace mucho tiempo y ahí tenemos el caso del Madrid, que no da para basto debido a los ingresos extras que ha registrado su enfermería. Tenemos otro sintomático caso en el Villarreal. Los de Pellegrini no pasan por su mejor momento. En los últimos cinco encuentros ligueros sólo han sumado una victoria. El pasado miércoles contra el Celtic vimos al equipo amarillo fallón en muchas facetas del juego y esta tarde en el Ramón Sánchez Pizjuán el conjunto castellonense exhibió una imagen desvaída, totalmente contraria al estilo ofensivo y valiente que con los años ha conseguido implantar su entrenador en El Madrigal.
El Villarreal, con un solo delantero como referencia ofensiva, y un trivote, formado por Ibagaza, Eguren y Senna, demasiado conservador, apenas hizo un disparo a puerta ante el arco de Andrés Palop. Se podría decir que renunció a la victoria, que llegó a Nervión a verlas venir e intentar llevarse a casa un empate. Muchos de sus jugadores, Cazorla o el propio Ibagaza, por ejemplo, evidenciaron falta de frescura, Senna no está fino en las entregas, Llorente aún no anda rodado después de la lesión… El Sevilla ganó 1-0 pero pudo haber goleado de no haber sido por la impresionante actuación de Diego López.
Pellegrini ha reconocido en rueda de prensa que el equipo no está bien, que su esquema de juego últimamente no se está trasladando al terreno de juego. En Glasgow vimos que atrás se hacía aguas con facilidad. En Sevilla se mejoró en ese aspecto, pero sin embargo se optó por despreciar el cuero, el Villarreal ejecutó en Nervión una negación del balón en toda regla, algo que choca frontalmente con un equipo que suele caracterizarse por salir a ganar allá donde comparece y disponer de múltiples ocasiones de juego. Al Villarreal le gusta adueñarse del esférico pero este domingo demostró todo lo contrario.
Excepto el Barça, todos los equipos de arriba han tenido sus pájaras, el Madrid de hecho atraviesa actualmente la suya particular. El Villarreal parecía el segundo en discordia, una especie de lugarteniente de los blaugranas. Pero no, los amarillos también son humanos y sin duda pasan ahora por su momento más delicado. Casualidad o no, el que llama a la puerta el próximo fin de semana es el FC Barcelona, un rival poco conciliador para despedirse de 2008. Después le viene a los castellonenses una doble visita a Madrid y Valencia… Será interesante ver cómo salen los de Pellegrini de esta dura fase del campeonato que se les presenta, justo cuando su juego ha perdido enteros como no se recuerda en mucho tiempo.


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