Mientras en el Barcelona ya han inaugurado su crisis particular y en el Real Madrid han demostrado y confirmado que la fiesta brasileña viene muy bien para jugar al fútbol, véase Robinho, el Villarreal sigue a lo suyo. Ganando y jugando bien al fútbol. El juego que realiza el submarino amarillo me recuerda, salvando las distancias, al Arsenal. No, no estoy loco. Y no, tampoco soy ciego.
Puede parecer algo exagerado, pero veo muchos parecidos. Esta similitud la baso en el estilo, las ideas y la manera de jugar de los dos equipos. No sé si Wenger y Pellegrini son familia, me extraña, pero futbolísticamente se parecen mucho. Los dos quieren la pelota, van al ataque y buscan la victoria en cualquier campo. Pero en lo que más se parecen es en la forma de conseguir el triunfo, en los medios y en la manera de llegar a ganar los tres puntos. Por eso, los jugadores del Villarreal son nuestros “cañoneros” españoles.
La diferencia entre un “cañonero” español y un gunner inglés seguramente exista. Los de Londres son mucho mejor equipo, eso es un hecho. Su calidad es mayor, la plantilla es más amplia, el entrenador más importante, con más palmarés y el presupuesto es infinitamente superior. Pero, a pesar de todo eso, las ideas son casi las mismas y su estilo idéntico.
Lo que Pellegrini quiere este año en su equipo es ambición. Sus jugadores salen a ganar estén donde estén, da igual que reciban al Sevilla que visiten al Atlético de Madrid. En ambos casos buscan lo mismo, ganar. Para ello, usan unas armas muy bien diseñadas, y con gran éxito. Su juego se basa en un fútbol de ataque, posesión continua del balón, toque-toque, velocidad, dinamismo y juego por las bandas. Igual que el Arsenal.
Para que este estilo no signifique desequilibrio, debe haber jugadores de características parecidas, que puedan asociarse entre sí y se entiendan a la perfección. Por eso, entre otras cosas, juega el Guille Franco y no lo hace Tomasson. También es necesaria y vital la presencia de Marcos Senna. Él es la clave del sistema defensivo del equipo y gracias a él, el resto de mediocampistas pueden dedicarse a lo que saben, atacar.
A partir de una defensa ordenada, que no poblada, el equipo empieza a carburar. Rossi, Cani, Guille Franco, Pires, Cazorla… todos forman parte del “baile del balón”. Jugadores con un gran toque, mucho movimiento, visión de juego y definición. Atacantes de equipo, en definitiva. Sin embargo, la mejor cualidad que tienen, y en la que más se parecen al Arsenal, es el aprovechamiento de espacios. Los mediocampistas saben cómo aprovechar el campo, se organizan a la perfección, consiguiendo que ese cambio de posiciones continuo no implique el desorden ni la anarquía. Nunca se estorban, siempre hay línea de pase. Gracias a eso y a la creatividad que poseen con el balón en los pies, machacan al contrario.
El míster, a falta de un Capitán como Riquelme, ha juntado pequeños generales. Ajedrecistas que, con el balón en los pies, mueven las piezas a su antojo y con criterio para, con un movimiento inesperado, como un pase, un regate o un disparo, cantar el jaque mate. Todo muy bien llevado por todo un Kasparov como Pellegrini.
De momento, este estilo es incuestionable, porque da resultado. Segundos en la tabla, a un punto del líder y haciendo disfrutar a su entrenador. Resultados muy parecidos a los que está consiguiendo su hermano mayor futbolístico, líder de la Premier y enamorando a Europa.


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