Derbi sin cafeína

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No hace tanto el Inter levantaba la ansiada Liga de Campeones que con tanto ahínco persiguió Moratti con aquel triplete de Mourinho; hace un poco más, el Milan ganaba por dos veces el mismo trofeo con Ancelotti en el banquillo y con nombres que asustaban: Kaká, Shevchenko, Andrea Pirlo… y hace un poco menos ganaba el Scudetto con Ibrahimovic como estandarte arriba y Thiago Silva como referencia atrás. El último buen Milan, como el último gran Inter fue aquel de Mourinho. No hace tanto, y parece que hayan pasado décadas. La Serie A no vive su mejor momento, pero clubes como la Juventus o la Roma han sabido sobreponerse y armar escuadras competitivas, sin embargo, San Siro o el Giuseppe Meazza, según toque, acoge a dos clubes a la deriva que viven a medio camino entre el mal momento del Calcio y las malas decisiones propias, lejos de las necesidades de su historia. La Madonnina asiste hoy en la ciudad de Milán a un nuevo derbi, uno de los clásicos por excelencia en el continente, que sin embargo despierta la menor expectación que se recuerda ante el bajo nivel que ambos, fuera actualmente de los puestos europeos, ofrecen en la liga transalpina.

No es que todo sean malas noticias en Milanello, pero desde luego no es lo que se esperaba. Empezó bien la etapa de Inzaghi en el banquillo rossonero, ganando algunos partidos y agarrando temporalmente el liderato, pero el espejismo duró lo que tardó la Juventus en visitar San Siro. A partir de ahí, un par de empates ante Empoli y Cesena y vuelta a la rutina de la temporada pasada con la irregularidad por bandera. Fernando Torres y Diego López llegaron a Milán el verano pasado escapando de la crítica en Londres y del debate con Casillas en Madrid, pero tampoco han despegado en Italia: Torres sigue sin encontrar el camino del gol y Diego López vio truncado su esperanzador inicio con una lesión que lo mantuvo fuera unas semanas. Aún así ha regresado a la titularidad en las últimas jornadas. Se echa en falta un killer en Milanello aunque no se quiera pronunciar en voz alta a Balotelli, quien dejó una buena suma en las arcas, pero se extraña su gol y su presencia. Por lo menos, El Shaarawy vuelve poco a poco y Bonaventura o Menez han salvaguardado una irregular política de fichajes (¿por qué no se fichó a Taarabt en propiedad?), mientras Keisuke Honda va encontrando acomodo en el Calcio. No todo eran malas noticias, decía. De vez en cuando surgen rumores acerca del agitado banquillo rossonero por el que la cúpula milanista decidió apostar por encontrar a su Guardiola personal: exjugador del club sin experiencia en el banquillo, primero Seedorf y ahora Inzaghi, pero habría que dejar trabajar a Pippo, que ya sabía manejarse al límite del fuera de juego como futbolista.

En el Inter, en cambio, se agotó la paciencia con el técnico. Tras poco más de una temporada Walter Mazzarri perdió su crédito en el banco nerazzurro. La clasificación para la Europa League fue su logro la campaña anterior, y en esta no se avistaban visos de mejora: poca cosa para un equipo que no tiene una gran plantilla, pero sí jugadores de talento a los que se debe pedir más: Kovacic, Ranocchia, Handanovic, Hernanes, Guarín, Palacio, Icardi, Osvaldo, M´Vila… hay que exigirles y para tal empresa regresa al banquillo interista Roberto Mancini, un viejo amigo que regresa tras sus aventuras por Manchester y Estambul. Fue él quien devolvió al Inter a la cumbre de la Serie A ayudado, eso sí, por el escándalo del Moggigate. Después Mourinho terminó el trabajo. Mazzarri no consiguió implantar sus ideas en la plantilla interista, aquellas que tan buen resultado le dieron en Nápoles, y hacía falta un cambio en un equipo que vio el verano pasado cómo se marchaba el último resquicio de aquel triplete con los argentinos Zanetti, Cambiasso, Samuel y Milito, casi nada. Era necesaria una regeneración en el Inter, pero nadie dijo que fuera fácil realizarla.

Un derbi templado y sin cafeína en comparación con otras épocas, pero con jugadores interesantes y la expectación del regreso de Mancini. Y con las camisetas rossonera y nerazzurra frente a frente, que siempre suma.

En NdF | Cuando el derbi de Milán se jugó en el Mundial

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Gabriel Caballero