Reencuentro en Verona

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Nada que sorprenda si mencionamos las cuatro ciudades de Italia que habían visto cómo dos de sus equipos se enfrentaban en la máxima categoría: Milán, con el Derby della Madonnina entre Inter y Milan; el derby de la capital, por supuesto, que enfrenta a Roma y Lazio por la supremacía de la Ciudad Eterna; Turín, cuyos vástagos, Torino y Juventus, se disputan el Derby della Mole; y Génova, donde Sampdoria y Genoa buscan la victoria en el Derby della Lanterna, así llamado por el faro que iluminaba a los barcos que arribaban a la ciudad costera. Pero sí sorprende más que Verona sea, desde 2001, la quinta ciudad en disfrutar de un partido entre dos de sus equipos en la Serie A, gracias al histórico ascenso del Chievo Verona en aquel año en el que disfrutó por fin de la primera división del fútbol italiano. Y eso que los aficionados del Hellas Verona, antaño dueños de las llaves del fútbol en la ciudad, cantaban que sólo cuando los asnos vuelen (dicho animal aparece en el escudo del Chievo) habrá un derby veronés en la máxima categoría. Ningún asno, que se sepa, sobrevoló los cielos de Verona, pero el Chievo sí ascendió hasta la máxima categoría para convertirse durante una década en el referente del fútbol veronés, a la vez que veía a sus vecinos del Hellas en la Serie B e incluso en la C1. Pero este año ha logrado regresar a la Serie A, y volverá a compartir categoría con el Chievo para devolver a Verona el rango de ciudad distintiva del Calcio.

Escenario elegido por Shakespeare para las disputas entre los Capuleto y los Montesco y testigo silencioso del amor entre Romeo y Julieta, Verona vivió su época de esplendor en la Edad Media y antes del Renacimiento, cuando la familia Scaligeri gobernó durante más de un siglo. De ese nombre procede el Derby della Scala, con el que se conoce al enfrentamiento entre Chievo y Hellas. El Hellas siempre fue el equipo principal de la región de Véneto, mientras el Chievo, asiduo a las categorías inferiores del fútbol italiano, representaba la periferia mediante el barrio de Chievo, de tan sólo 3000 habitantes. Para hacernos una idea, algunas de las ciudades de primera con menos habitantes en nuestro fútbol cuentan con 51.000 en el caso del Villarreal, 171.000 como el Getafe o 191.000 como Almería. Por si fuera poco, el Hellas conseguía en la temporada 84-85, mientras sus vecinos competían en la C2, todo un hito al conseguir contra todo presagio el Scudetto en la que significó una de las grandes sorpresas de la historia del fútbol italiano. Así, nombres como los de Di Gennaro, Galderisi, Larsen o Briegel se hicieron eternos. Pero en aquella década el Chievo no estuvo de brazos cruzados: incluyó a Verona en su denominación y se mudó al Marcantonio Bentegodi para compartir estadio con el Hellas. Aunque estos siguen siendo por abrumadora mayoría el destinatario de buena parte de aficionados de Verona, todo ello ayudó al crecimiento y popularidad del Chievo.

El Hellas no volvió a reeditar éxitos y la década de los noventa la vivió principalmente en la Serie B con alguna presencia aislada en la máxima categoría, aunque no fue hasta 1999 cuando, de la mano del hoy seleccionador Cesare Prandelli, regresó para quedarse algo más de tiempo. Por su parte, el Chievo logró su Scudetto particular con el ansiado ascenso a la Serie A para la temporada 2001-02 con Luigi Delneri como entrenador. Por fin, el Marcantonio Bentegodi podría vestirse con sus mejores galas para recibir al Derby della Scala en lo más alto. Todos los pronósticos auguraban una difícil temporada para el Chievo, pero los del barrio de Verona no habían llegado allí para hacer turismo por los campos de Italia. En su debut ganaron a domicilio a la Fiorentina, reciente ganador de la Coppa y la UEFA, y tras poner en apuros a la Juventus encadenaron seis partidos seguidos sin perder. Al noveno encuentro llegó por fin el Derby, en el que el Hellas puso la experiencia sobre la mesa para acabar ganando por 3-2. Sin embargo, aquello no definió lo que sería la temporada para los rivales de Verona: mientras el Chievo se convirtió en la gran revelación de la temporada, siendo incluso líder tras acabar la primera vuelta y terminando quinto en una histórica temporada en la que Simone Perrotta, Eugenio Corini, Luciano SIqueira o Bernardo Corradi se convirtieron en ídolos, el Hellas concluyó la temporada en puestos de descenso. Desde entonces, los aficionados del Chievo decidieron denominarse los asnos voladores.

Los años siguientes fueron muy diferentes para ambos clubes y lejos de lo que podría haberse imaginado en décadas anteriores. El Hellas pagó su mala gestión deportiva y económica en la Serie B o en la C1, mientras el Chievo permaneció todas las campañas en la Serie A salvo una, la 07-08, en la que logró de nuevo el ascenso. Antes, en la 05-06, consiguió, entre sus buenos resultados y las sanciones del Calciopoli, un histórico cuarto puesto final que le dio acceso a la previa de la Liga de Campeones, que no obstante no pudo superar ante el Levski Sofia. Hoy en día es un equipo asentado en la Serie A que pelea año tras año por una permanencia sin excesivos agobios. Pero este año, la campaña en el Calcio tendrá un nuevo y atractivo aliciente: la presencia, otra vez, de su histórico rival, un Hellas que ha conseguido por fin regresar a la máxima categoría y no quiere repetir los errores anteriores, y para ello se ha reforzado con jugadores como Donati procedente del Palermo, Bosko Jankovic, ex del Mallorca, o el ilustre Luca Toni, todo un veterano del Calcio que busca sus últimos goles a sus 36 años. Como si de los Capuleto y los Montesco se tratase, los rivales vuelven a mirarse a los ojos en las calles de Verona.

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Gabriel Caballero