El Barça mata pero no remata al Manchester City

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Se esperaba un partidazo en el Etihad Stadium y no defraudó. Dos equipos aspirantes a la final se medían en un duelo de octavos donde el Manchester City, por su fama en la máxima competición continental, partía como no favorito. El Barcelona, por su parte, vio el sábado cómo se truncaba su fantástica racha de once partidos consecutivos ganando, por lo que de alguna manera llegaba truncado anímicamente al choque. Los de Luis Enrique cayeron en casa contra el Málaga en un partido en el que terminaron desquiciados y que les valió para que el Real Madrid ampliara la renta de puntos a cuatro. En Liga jugó el tridente arriba, pero ni se les vio. Anoche, en Champions, Lucho volvió a apostar por los mismos futbolistas con alguna excepción que a la postre iba a ser notoria. A la lógica entrada de Stegen bajo palos se unió la de Mascherano en el eje de la zaga y Rakitic en la zona de máquinas. Y el Barça, bajo la batuta no sólo de ambos, sino de un Messi que lo hacía todo, tomó las riendas del encuentro.

Si hay que hacer un monumento a un futbolista ese es Mascherano. Su entrega, su tesón, su compromiso es indiscutible. Puyol se retiró el pasado verano y su dorsal fue a parar a Busquets. El 5, sin embargo, sale de la suma de los dos números que porta en su espalda el Jefecito. El argentino puede sentirse orgulloso de jugar tan bien en una posición que supuestamente no es la suya. Con él, Bravo o Stegen, el que sea, se siente más seguro. Piqué también tuvo en las Islas una actuación notable. En líneas generales, al Barcelona no le tembló el pulso a la hora de atacar, aprovechando a su vez los huecos que dejaba la zaga citizen, que en este caso, suspendió a todas luces. A Pellegrini le faltaba una pieza clave en su puzle. Esa pieza no es otra que Touré Yayá o viceversa, un todoterreno que le da sentido, sensibilidad y estilo a una escuadra que sin el marfileño y pese a contar con un sinfín de estrellas, carece de él en las grandes ocasiones. Como la de ayer.

El resultado final fue de 1-2. Y uno puede sopesar que la cosa estuvo muy igualada. Qué va. En la primera parte el Barcelona se dejó llevar por sí mismo. Como queriendo gritar a los cuatro vientos que la Champions le pertenece. El City estaba muy ocupado dejando casi a sus anchas que Messi escribiera el guión del partido. Y en esas que se encendió la bombilla del crack para que Luis Suárez se erigiera protagonista. Al cuarto de hora de empezar a rodar la bola, cuando el Barça casi le doblaba la posesión a su rival (35% vs 65%) y cuando la defensa contraria empezaba a temblar, un centro a la olla del ‘10’ lo despejó a su manera Kompany para que el uruguayo, que no había llegado en primera instancia, fusilara con la siniestra a Hart. El Barça se ponía por delante con todo merecimiento como también lo merecía el ‘9’, menos prolífico en cuanto a goles que otras temporadas pero curtido en mil batallas y dispuesto a dar guerra como en la de anoche. Encima, ayer, tenía al público en su contra.

De nuevo transcurrido otro cuarto de hora, cuando el electrónico marcaba casi la media, el Barça volvió a encontrar los espacios. En una jugada que pasó por las botas de Rakitic, Messi fue el encargado de marear a la zaga contraria al borde del área. Consigo arrastró casi media docena de futbolistas celestes para servir a banda a Jordi Alba, desatado por el flanco izquierdo. Luis Suárez, con la caña a punto, pescó, y de qué manera, en el área chica y totalmente libre de marca. Gol de nueve. Gol de quien se supone que debe estar ahí para empujarla. Doblete del charrúa por primera vez en la temporada y el goce generalizado se tiñó de blaugrana. Ni el más optimista de los más optimistas se imaginaba un resultado así con una hora de juego por delante. Por desgracia visitante, ese dos quedaría intacto. Tendría más ocasiones para ampliar el resultado, pero un disparo de Dani Alves tras una cómica pérdida de balón del City en el centro del campo, terminó golpeando en la madera.

Nasri, el otrora ‘nuevo’ Zidane, lo intentó antes del descanso, pero su disparo lo despejó Stegen. Y es que tras el paso por la caseta algo cambió. El Barça optó más por el conservadurismo y Pellegrini, cuya continuidad la próxima temporada es más que dudosa si cae en esta eliminatoria, espoleó a los suyos para que lograran, al menos, acortar las distancias. Se notó al principio, cuando los locales visitaron más el área contraria. Para enmarcar, pero por defectuoso, queda el remate dentro del área de Dzeko perdonó ante el cancerbero alemán. Hubiese supuesto el 1-2. Sin embargo, el tanto del City no tardó en llegar. Quizá más por insistencia que otra cosa, pero un robo de balón en el centro del campo terminó con una gran combinación en la que Silva, con una espuela ‘fantabulosa’ habilitó al Kun, que la pegó con el alma (68’). El escenario invitaba a la intriga, pues los locales se habían conseguido meter de lleno en el partido. Pero en esas apareció Clichy para recibir su segunda amarilla y ser expulsado. Faltaba sólo un cuarto de hora. Y el Barça aprovechó para recuperar el terreno perdido. Alba reclamó una pena máxima, Messi marcó en fuera de juego y cuando faltaban segundos para la conclusión, su paisano Zabaleta cometió penalti sobre la Pulga.

Hart adivinó la trayectoria del disparo de Messi, que ni el rechace, a bocajarro, supo atinar. El guardameta evitó el desastre seguro, la guinda del pastel, el punto y final. El portero inglés amenizó el KO evitando una muerte súbita. Porque el Barça mató, sí, pero no remató. El 18 de marzo la escuadra de Luis Enrique partirá con una ventaja que no puede, ni debe, dejar escapar. Con todo, la sensación global es más que positiva. Se pudo hacer más, claro. Pero muchos imaginaban que aún se lograría menos. Los cuartos de final están más cerca.

Foto | RTVE

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.