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El Bayern de Múnich se proclamó campeón de la UEFA Champions League 2019/2020 después de imponerse por la mínima al PSG (0-1). Tras arrasar en todos sus duelos en esta Final a 8 de Lisboa, esta vez tuvo bastante con un solitario gol de Coman en la segunda mitad para dejar sin Orejona el proyecto multimillonario de Nasser Al-Khelaïfi, donde la fantasía de Neymar o Mbappé dieron paso a la ingeniería alemana. Desde un técnico como Hansi Flick, que prácticamente alcanzó su cargo sin querer, hasta unos futbolistas como el veteranísimo Neuer, el intrépido Davies, el efectivo Kimmich, la brújula Thiago, el puñal Coman o el francotirador Lewandowski, que han demostrado ser los mejores en esta extraña y particular Liga de Campeones.

El primer acto, menos goles, tuvo de todo. Por un lado, un Bayern con más problemas de los habituales para hacer daño en ataque, con algunos jugadores, como el punzante Gnabry, más desapercibidos de lo normal y volcando sus acciones por el costado izquierdo. Los de Flick, con la línea defensiva muy adelantada, concedía espacios a la veloz dupla ofensiva parisina, en la que Neymar gozó de la primera gran ocasión del envite superado el cuarto de hora: su disparo con la zurda lo repelió Neuer tanto en primera como segunda instancia. La respuesta no tardaría en llegar y cuatro minutos más tarde, era Lewandowski, en el punto de penalti, el que a la media vuelta mandaba el esférico a la madera. Sin un controlador claro, con constantes alternativas, Di María golpeó con su pierna menos buena un exquisito servicio de Ander Herrera, de los más participativos y acertados de su equipo.

Podía pasar cualquier cosa en una final donde no faltó la intensidad y que a la media hora volvió a corroborar el buen estado de sus guardametas. Esta vez fue Keylor Navas el que neutralizó un testarazo de Lewandowski. La dupla brasileña del eje de la zaga francesa, formada por Thiago Silva y Marquinhos, se mostraba seria; entre sus homólogos en el cuadro rival, Boateng tuvo que abandonar el terreno de juego en el 26’ por lesión, entrando Süle para acompañar a Alaba. También fue un tiempo de imprecisiones, propias de un encuentro de estas dimensiones. Y precisamente antes del intermedio, un regalo del zaguero austriaco provocó un mininfarto en su técnico, pues incomprensiblemente Mbappé, con todo a su favor, golpeó con tibieza para que embolsara Neuer. Una pena máxima no pitada sobre Coman puso el colofón a unos 45 minutos en los que la igualdad reinó en tierras lusas.

En la segunda mitad, a falta de Gnabry –que comenzó con un recadito en forma de fea falta sobre Neymar- bueno fue Coman, canterano y futbolista más joven en debutar en al historia… del PSG. También anduvo superlativo un Thiago Alcántara que continuó con su particular exhibición tras el paso por la caseta, en un doble pivote en el que Goretzka pasó demasiado tiempo desorientado. El partido reclamaba más presencia de Kimmich, olvidado en el ala derecha de la defensa… hasta que apareció. Colgó un balón desde el flanco diestro que remató lejos del alcance de Navas el puñal francés del Bayern: Coman no perdonó ante ‘su’ equipo y en un visto y no visto, pudo incluso lograr el segundo. Sorprendió que poco después, fuera sustituido por Flick, que también dio descanso a un desaparecido Gnabry para dar paso a Perisic y Coutinho. Tuchel, por su parte, había retirado a Paredes para dar protagonismo a una de sus piezas clave, Verratti; y Draxler saltó al verde por Ander Herrera poco después de una clara ocasión de Marquinhos para igualar la contienda.

Quedaban 20 minutos y por delante, lo parecido a un mundo. Pero a pesar de la insistencia de Tuchel de introducir mordiente, como con la entrada de Choupo-Moting –Icardi no jugó ni un minuto-, el Bayern supo neutralizar las circulaciones de un PSG que jugaba contra el cronómetro y la falta de inspiración. Con Neymar muy lejos del área, con Mbappé desguarnecido de balones, Tolisso dio una tregua a Thiago en su clinic particular y en su último compromiso con el conjunto bávaro. El colegiado añadió cinco de prolongación y mientras en el banquillo alemán los futbolistas comenzaban a verse campeones, una contra parisina iniciada por Verratti siguió en las botas del Mbappé, que conectó con Neymar para que el 10 mandara desviada la pelota. Fue el último susto para un Bayern que confirmó, por si había dudas, que el dinero no siempre da la felicidad. Una Champions, la sexta en Baviera, sí. Y un triplete, ni te cuento.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.