La Champions nos sigue obsequiando con noches imprevisibles, mágicas, de esas que la hacen grande. Si en la del martes nadie apostaba un duro por la clasificación del Ajax y los holandeses deleitaron con su fútbol hasta tumbar al campeón, en la del miércoles una nueva remontada, ésta del Manchester United sobre el PSG (1-3), dejó en el camino a uno de esos equipos configurados única y exclusivamente para adueñarse del trono continental. La Liga de Campeones no contará con dos de sus favoritos en unos cuartos de final que de momento integran el citado conjunto neerlandés, el Tottenham, los Red Devils y el Oporto, que también dio la vuelta al 2-1 sufrido en Roma y apeó a los de Di Francesco. Así pues, que se preparen Barcelona o Manchester City, no vaya a ser que Lyon o Schalke 04, dos underdogs más con ganas de marcha, les pinten también la cara.

Lo que le pasó al PSG ante su afición y ante un United no mermado, mermadísimo, deja en muy mal lugar a los de Tuchel. En la ida fueron claramente superiores, dominando y generando peligro en un escenario como Old Trafford. Vencieron 0-2 sin Cavani ni Neymar. Del brasileño no comentaremos que ha seguido su recuperación en Brasil donde, casualidades de la vida, también se ha celebrado su famoso carnaval. Pero dejamos el sufrimiento del jugador más caro de la historia para otro momento porque aquí ya se comentó y nos centramos en las bajas, importantes de los parisinos, pero lejos de las que acumulaba Solskjaer en su expedición: Pogba, Alexis, Mata, Ander Herrera, Valencia, Darmian, Jones, Matic y Lingard… a las que se unió durante el encuentro el improvisado lateral derecho, Bailly. Casi nada.

Pero el Manchester no necesitó chutar más que su rival, ni disponer de más posesión, ni de acertar más en los pases. Le bastó prudencia y fe. Lukaku, aparentemente más rocoso de lo habitual, no dejó escapar un regalo —sin querer— de Kehrer cuando ni si quiera se habían disputado dos minutos para provocar el pánico entre la parroquia gala. Bernat, sin embargo, frenó la presión en el pecho del PSG firmando el empate sólo diez minutos después. El 1-1 se mantuvo en el tanteador con claro dominio territorial, futbolístico y de las ocasiones de los parisinos. Al filo de la media hora, un disparo lejano de Rashford de esos que justo te botan delante y te juegan una mala pasada, le botó delante a Buffón, que no supo atajar la pelota y dejó en bandeja el 1-2 a Lukaku. Hasta la pausa siguió apretando el PSG, que continuó erre que erre en la reanudación.


La presencia francesa en el área inglesa en la segunda mitad se acrecentó: pases al hueco, balones a la olla, centros sin un claro destinatario y situaciones claras que, una y otra vez, se perdían por el sumidero. Di María, en fuera de juego, marcó un gol que el VAR invalidó. La zaga mancuniana se fue creciendo con el transcurso de los minutos, haciendo del no-complicarse-la-vida su mayor virtud. Así se llegó a una recta final en la que a Mbappé se le hizo de noche en uno para uno con De Gea y en el que la madera escupió el siguiente zurdazo de Bernat. Justo después saltó al verde Greenwood (17 años) como lo había hecho minutos atrás Tahith Chong (19): Solskjaer se la jugaba con lo que tenía, dos diablillos del filial. En el 90’, un disparo a la desesperada de Dalot (19 y recambio de Bailly) golpeó en el antebrazo de Kimpembe —que marcó en la ida el 0-2—, saliendo el esférico por línea de fondo. Cuando Chong se disponía a sacar el córner, Skomina se fue a revisar el VAR y, para sorpresa de los allí presentes, decretó pena máxima. Rashford, en el 94’, fulminaba a Buffon para completar otra remontada histórica que dejó con cara de póker a Neymar en la grada y que volvió a echar por tierra el enésimo proyecto de Al-Khelaïfi. El United de Solskjaer, con 11 bajas, logró la hazaña.

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.