Vela prende la mecha

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Con un gol maradoniano, cual barrilete cósmico ante Inglaterra en el 86, pero con el sello de Carlos Vela y ante la mirada atónita de la defensa del Lyon, la Real Sociedad adquirió a lo grande el billete hacia la fase final de la Champions League, donde ahora sí que sí, le espera un fútbol de otro planeta: ante sí el reto de medirse a los mejores conjuntos del continente; el objetivo de expandir ese buen gusto por la pelota ante adversarios con cara y ojos. Y eso que su rival en esta eliminatoria no es que fuera precisamente una cenicienta, sin embargo, lo disimuló muy mal a manos de la superioridad moral y futbolística de los de Jagoba Arrasate.

Después de aterrizar en Europa vía Arsenal, club con el que fichó con 16 años después de ser máximo goleador del Mundial sub’17 de 2006 y de marcharse cedido al Celta (donde no llegó a debutar), al extinto Salamanca, a Osasuna, volver a probar suerte en Londres para acabar de nuevo a préstamo en el West Bromwich y posteriormente en la Real Sociedad, en San Sebastián Carlos Vela ha encontrado la estabilidad que necesitaba su proyección para confirmar las hechuras de crack que aguarda su zurda. Aquella promesa que apuntaba maneras en 2005 se ha transformado en una realidad de la que ya ni Wenger puede dudar.

Tras el vaivén de cambios de aire que vivió mientras pertenecía al conjunto inglés, la Real Sociedad logró el año pasado, previo pago de 3,2 millones de euros, hacerse con la propiedad del jugador, que firmó por cuatro primaveras. Sin embargo, Arsène se guarda un as bajo la manga: y es que, de aquí a que finalice su contrato (2016), el Arsenal puede repescarle poniendo sobre la mesa 4,2 millones de euros. Igualmente, si la Real decidiera traspasarlo, compartiría el 50% de los beneficios siempre que la oferta superara los citados 3,2 kilos que desembolsó el verano pasado. A día de hoy, la cotización de Vela está por las nubes.

No obstante, no parece que el entrenador francés tenga especial predilección por el futbolista, con el que ya ha contado en sus filas en dos etapas distintas hasta aceptar transferirlo a la Real Sociedad. Tampoco la Real parece dispuesta a desprenderse de una de sus principales figuras ahora que se viene una temporada de ensueño y menos se le pasa por la cabeza al mexicano abandonar Zubieta en el momento más dulce de su dilatada trayectoria (pese a tener sólo 24 años). Por lo tanto, la buena noticia en el seno txuri-urdin es poder contar en su plantel con un jugadorazo capaz de inventarse cosas como la que vimos ayer contra el Olympique.

La grandeza de esta Real de Champions no reside, por contradictorio que pueda parecer leyendo este post, en las individualidades de sus futbolistas, todo lo contrario. El grupo que logró reunir el año pasado Montanier y que este daño dirige el que fue su mano derecha, Arrasate, se distingue de muchos conjuntos por la trascendencia que tiene el colectivo por encima del individuo. Si te preguntan quién es la estrella de la Real un día puedes decir que es Griezmann, el otro Agirretxe, al otro Seferovic, o Xabi Prieto… y hasta Claudio Bravo. Ayer, en vísperas de lo que se viene, le tocó a Vela marcar un golazo… de Champions.

Vela agarró el cuero en el centro del campo y se metió hasta la cocina burlando a todo francés que se cruzara por el camino. El resultado fue una maravilla y puso la sentencia a una eliminatoria que en Gerland ya había enderezado, y de qué manera, el cuadro guipuzcoano. Fue la guinda al pastel que él mismo había elaborado en el primer tiempo con un buen remate de cabeza. La defensa, liderada por Iñigo Martínez; y la zona de máquinas, perfectamente comandada por Markel Bergara, hizo el resto. El Lyon fue un lobo con piel de cordero a manos de la Real. Otra vez. Como otra vez, tras diez años, regresa la ansiada melodía a Anoeta.

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En NdF | El turista viene para quedarse

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.