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El resultado y las sensaciones posteriores que dejó el Inter vs Getafe me hicieron recordar las palabras que hace un tiempo dijo Marcelo Bielsa y que aquí inmortalizamos hace unos días. Esas en las que el Loco hablaba de cómo la prensa puede utilizar el mismo argumento tanto para elogiar como para criticar, según el rumbo que coja el esférico: si a este le da por entrar, aplausos; si este sale desviado, abucheos.

Nadie sabe qué crónica se hubiese escrito si Jorge Molina hubiese mandado al fondo de la red el tanto que podría haber igualado la contienda ante el Inter. Quizá se hablaría de esa capacidad de entereza del Getafe, de ese pundonor y el no dar por perdido el partido que le ha caracterizado gran parte del curso. De lo bien que neutralizó el juego del subcampeón de Italia para llevárselo a su terreno y asestar un golpe que, quién sabe, pudiese haber cambiado el signo de la eliminatoria.

Pero no: el capitán asumió la responsabilidad y queriendo ajustar demasiado el esférico, el sueño de los de Bordalás se perdió por la línea de fondo. Antes, en la primera mitad, se había visto un cuadro azulón que achuchó al negriazul y lo puso contra las cuerdas durante 25 minutos, con una presión alta y asfixiante que le impedía salir y que surtió efecto hasta que las piernas comenzaron a reclamar su dosis de sosiego. Dos claras oportunidades tuvieron en el área de Handanovič.

Hasta que apareció Lukaku, capaz de transformar un melón en un gol vital. El pase largo de Bastoni a la espalda de Etxeita lo adquirió en propiedad el portento belga, que tras ganarle la posición al zaguero, remató con su zurda para superar a David Soria. El Inter pudo ampliar su ventaja, pero se puso a jugar con fuego. Y no se quemó porque la pena máxima en el 76’ provocó precisamente eso: una pena máxima.

No se puede decir que el Getafe no lo intentó, pero ese falló terminó por condenarle. Física y moralmente. Nadie sabe qué hubiese pasado con el 1-1. Quizá al Inter le hubiesen entrado las prisas y los nervios. Como en la jugada que sentenció el envite a siete minutos del epílogo y en la que la defensa getafista hizo aguas para servir el segundo a Eriksen. Si ese penalti hubiese entrado ―como el de Jaime Mata frente al Levante en la última jornada liguera―, tal vez escribiríamos que ha vuelto ese Geta resiliente de antes del confinamiento.

Pero no: el Inter estará en cuartos de final de la Europa League. Y los de Bordalás, que no hay que olvidar que apearon a todo un Ajax en dieciseisavos, dicen adiós con honores.

En NdF | Marcelo Bielsa y la especialización de los medios en pervertir

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.