Pero fue maravilloso

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Nunca son agradables las despedidas. Decir adiós a aquello que alguna vez nunca quisiste abandonar y hacerlo en una noche excesivamente fría para rozar la primavera puede resultar una práctica de dudosa recomendación. Sin embargo, al desalojo del Levante en la Europa League le acompaña un aroma de satisfacción y deber cumplido que abruma. El equipo de Juan Ignacio Martínez perdió contra el Rubin Kazan (2-0) en la vuelta de los octavos de final. Fiel a la piel en la que anida, dejándosela en una gélida eliminatoria en la que si la ilusión valiera goles, los granota se la hubiesen llevado por goleada.

Si la ilusión la reflejase la grada del Luzhnikí, el fútbol no sería apasionante. Cuatro gatos mal contados para un partido en el que el conjunto local se jugaba la clasificación para cuartos de final. Con la mayor parte de su afición ausente, a los rusos les bastó con marear la perdiz para lograr su meta. El encuentro tomó unos previsibles derroteros, con el Rubin haciéndose con la manija del balón y el Levante, atrás, esperando la oportunidad de marcar el gol con el que le hubiese alcanzado para pasar. No obstante, ni rusos ni levantinistas parecían obcecados por superar la línea de gol contraria.

Sin Martins, rumbo a Estados Unidos, ni Míchel, sancionado por ver una cartulina roja en el Ciutat de València, JIM apostó por Acquafresca en punta de ataque. El italiano apenas olió un balón en condiciones en el tiempo que jugó y apenas una aproximación de El Zhar pudo desnivelar el electrónico a favor del Levante durante el primer tiempo. Su adversario, apenas sin pisar el acelerador, pudo haber logrado adelantarse, pero la zaga granota estuvo inexpugnable. Con el paso de los minutos el empate a cero parecía satisfacer a ambos costados, si bien al Levante un tanto, visto lo visto, le habría dado dos tercios de billete.

La segunda mitad fue un vivo ejemplo del conformismo de ambos. Los cambios no surtieron efecto, y el partido, que no pintaba excesivamente atractivo, fue evolucionando hacia un tostón casi infumable. A decir verdad, al Levante le faltó una chispa de ambición en los metros finales. Con un rival obligado a marcar a dos goles en caso de lograr uno, buscar una contra sin la velocidad de Martins fue como salir a pescar sin disponer de anzuelo. Una ausencia, la del nigeriano, a la que se unió el inoperante juego ofensivo, con nulo acierto entre los tres palos —El Zhar o Barkero lo probaron sin fortuna—. Keylor Navas, con dos paradones, remitió a la prórroga la eliminatoria.

En ella, Rondón se llevó la palma al aprovechar un estupendo pase de Kathko. Era el minuto 99 —como su dorsal— y quedaba tiempo. Pero las piernas empezaban a no responder y las fuerzas, a flaquear. Ballesteros lo probó con un zapatazo lejano pero quien encontró la suerte fue Dyadyun, que más fresco que una rosa aprovechó un contragolpe para sentenciar. Los cuatro gatos celebraron la clasificación y los granotas se quedaron a las puertas de escribir otra página dorada en su historia. Nada que reprochar en su primera experiencia europea. Llegar para caer duele, pero el camino, que a nadie le quepa duda, fue maravilloso.

Foto | UEFA.com

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.