sevilla campeon europa league 2020

Seis en 14 años. Son las veces que el Sevilla FC ha conquistado una competición en la que es el rey indiscutible. La Europa League, o la UEFA, como se denominaba antes de la temporada 2009-10, se han convertido en el entorchado fetiche de un club que año tras año demuestra que no es casualidad verle levantar los 15 kilos que pesa el trofeo que más veces se repite en sus vitrinas.

Y tiene mérito porque la Europa League no es una competición que se busque, es un torneo que se encuentra. Pocos clubes de la dimensión como la que en las últimas campañas ha adquirido el conjunto hispalense arrancan un curso deseando terminar quinto o sexto para pelear por ella. De hecho, el curso pasado el objetivo era acabar entre los cuatro primeros y meterse en Champions. Pero tuvo que ‘conformarse’ con la sexta plaza.

La Europa League es la consolación de un grande cuando no alcanza su principal objetivo, o cuando se ve fuera de la máxima competición continental a las primeras de cambio. Pero el Sevilla ha sabido convertir un simple consuelo en su mayor patrimonio. Porque además, a orillas del Guadalquivir, las finales no se juegan: se ganan. Van seis de seis. Como la de anoche, ante el Inter de Milán (3-2), en una oda al fútbol en el que una vez más, el principal beneficiado vestía de blanquirrojo.

El Inter golpeó primero, con un penalti transformado por Lukaku cuando llevaban disputados apenas cinco minutos. Pero la reacción sevillista fue meteórica y con dos frentazos de Luuk De Jong volteó el tanteador al tiempo que el holandés, sorpresa en el XI de Lopetegui, silenciaba a los escépticos erigiéndose el actor principal del frente de ataque de su equipo. El primero (12’), tras ganarle la posición a Godín; el segundo (33’), tras planear sobre el área italiana y conectar en el segundo palo un remate que dejó sin respuesta a Handanovic. Parecía que el trabajo sucio ya estaba hecho, pero en esas, y de nuevo a balón parado, Godín restableció la contienda (35’) con otro impecable testarazo con el que se alcanzó el intermedio.

Tras el receso, Lukaku tuvo en sus botas la mejor oportunidad del partido, pero en el mano a mano con Bono, el guardameta le adivinó la trayectoria del esférico. Fue la antesala del 3-2, que se originó nuevamente de una acción a balón parado. El Sevilla, que por entonces ya se había quedado sin el desequilibrante Ocampos ―cuyas molestias le obligaron a ser sustituido por Munir― volvió a colgar su enésimo balón al área de la mano de Banega ―menuda despedida la suya― quien con habitual precisión quirúrgica no encontró esta vez un rematador sevillista en primera instancia, pero sí en segunda. Diego Carlos, en el ojo del huracán tras firmar su tercer penalti consecutivo en la competición, se desquitó de manera extraordinaria con una espectacular chilena que con la caricia justa de Lukaku, terminó en el fondo de las mallas. El Inter trató de asediar el marco de Bono en las postrimerías, pero el Sevilla demostró una vez más que no juega las finales: las gana. Y que es capaz de convertir un consuelo, en su mayor patrimonio. Bendita sexta Europa League.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.