El Leicester y el recuerdo del Montpellier

leicester-okazaki-vardy

No había visto un solo partido de la liga francesa en aquella temporada 2011-12 y al final estaba deseando que fuese campeón el Montpellier. Los ecos de la gesta de aquel modesto equipo entrenado por Renè Girard y liderado por Olivier Giroud y Younes Belhanda resonaron por toda Europa: frente al PSG, adonde ya habían aterrizado los petrodólares para convertir al equipo parisino en campeón, al Lille de Eden Hazard o al Olympique de Lyon, que trataba de recuperar el cetro que ostentó durante tantos años, el Montpellier estaba a un paso de ganar la Ligue 1 por primera vez en su historia contra cualquier pronóstico posible. Resultaba difícil no posicionarse, como cuando nos ponemos de parte de David contra Goliat, de Rocky contra Apollo Creed o de Luke contra el Imperio. Admiramos la hazaña del pequeño y le empujamos con nuestro aliento aunque sea una historia ajena. Hoy, en una liga más fuerte que la francesa con equipos gigantes y enormes recursos, el Leicester City está en disposición de repetir en Inglaterra tamaña proeza.

El Montpellier, un modesto equipo del sur de Francia cuyo mayor éxito había sido una Copa en 1990 con unos tales Eric Cantona y Laurent Blanc (máximo goleador de la historia del club donde jugaba como centrocampista ofensivo: un Fernando Hierro a la francesa), había eludido el descenso, un año antes de ser campeón, con apenas tres puntos sobre el Mónaco, que se vio obligado a bajar a la Ligue 2. El año pasado, a estas alturas, el Leicester ocupaba el último puesto de la Premier League a siete puntos de la permanencia, y sólo un gran sprint final con siete victorias en nueve partidos (había sumado dos en los 24 partidos anteriores) le permitió eludir el descenso a la Championship. Este año el objetivo era no pasar los apuros de la pasada temporada y para ello se confió en Claudio Ranieri, una apuesta arriesgada con un técnico que venía de no clasificar a Grecia para la Eurocopa en un grupo asequible y que parecía haber dejado atrás sus mejores años. Hoy, el Leicester es líder con cinco puntos sobre el segundo a falta de ocho jornadas y a Ranieri le llaman El Padrino. El técnico italiano es Renè Girard, Jamie Vardy es Olivier Giroud y Riyad Mahrez es Younes Belhanda.

Para que ocurra algo como el milagro del Leicester en una liga como la Premier se tienen que dar varios factores: que los grandes no estén a su mejor nivel y que el equipo de Ranieri explote al máximo sus recursos, y es lo que están haciendo los Foxes. En los últimos partidos el Leicester ha ganado sin brillo (entendiendo esto en el sentido de espectáculo), con lo justo y necesario y aprovechando siempre sus oportunidades, a veces con buenas acciones individuales como la chilena ayer de Okazaki ante el Newcastle o el golazo de Mahrez la pasada semana en el campo de Watford. Pero casi siempre sumando de tres en tres con una solidez defensiva ejemplar, con la sobriedad de Kasper Schmeichel en la portería, la seguridad de Robert Huth en el centro de la defensa y, sobre todo, con N’Golo Kanté en el centro del campo, esa especie de pulpo que extiende sus tentáculos por todo el centro del campo para que no haya manera de pasar por ahí. El centrocampista francés, recientemente llamado por Deschamps para la selección, es una de las revelaciones del fútbol europeo.

Tal es la solidez de este Leicester que ni siquiera están necesitando de la mejor versión de Vardy en los últimos partidos para sumar puntos con frecuencia. El delantero inglés, que sorprendió a todos con una primera vuelta espectacular, sólo ha marcado un gol en los últimos seis partidos (en la ajustada derrota en el campo del Arsenal) desde que a principios de febrero marcara un doblete al Liverpool, y se ha dejado alcanzar en la tabla de goleadores por el siempre efectivo Harry Kane, con Lukaku pisándoles los talones. No obstante, Vardy sigue aportando cosas en ataque más allá del gol con su movilidad y la sensación de peligro que genera. Ni siquiera Mahrez está al mismo nivel que hace un mes, pero su enorme calidad le basta para seguir siendo un jugador diferencial, probablemente el futbolista del año en la Premier. Pero más allá de Vardy, Mahrez o Kanté, todos están rindiendo bien en el once del Leicester: Drinkwater, Okazaki, Albrighton… hasta el banquillo ha respondido cuando así se ha requerido, como en el agónico gol de la victoria de Ulloa ante el Norwich hace cuatro jornadas.

Mientras, el Arsenal continúa con su irregularidad habitual, el City con la cabeza en otra parte, el United buscándose a sí mismo y el Chelsea perdido en la mitad de la tabla desde principio de temporada. Entre medias está el Tottenham: otro equipo, el de Mauricio Pochettino, con un tremendo mérito y que es ahora mismo el inmediato perseguidor del Leicester. Pocas oportunidades se le han presentado así a los Spurs de pelear por el título de liga. Quedan ocho jornadas y aún cuesta imaginar al Leicester levantando el título de liga, a pesar de que los de Claudio Ranieri se empeñen jornada tras jornada en demostrar que en el fútbol aún todo es posible.

Sobre el autor Ver todos los posts Web del autor

Gabriel Caballero