Wigan, entre felicidad e intriga

RobertMartinezWigan

«La final de la FA Cup es, después de la final de un Mundial, el partido más grande. Y es nuestro». Son palabras de Sir Bobby Robson, que alcanzó el éxtasis copero en 1978 cuando dirigía al Ipswich Town y su equipo se impuso por uno a cero al Arsenal en el añejo Wembley. La afirmación del mítico entrenador inglés define a la perfección las sensaciones que transmite un torneo que en Inglaterra se disfruta más que cualquier otro. En él siempre hay sitio para los modestos, para los que osan plantarle cara a los grandes; muchas veces sorprendidos por la entrega de quienes igualan el presupuesto a base de corazón. No siempre sucede, pero cuando sucede, resulta extraordinario. Es la magia de la FA Cup, la más antigua competición de clubes.

Este fin de semana se midieron por el cetro David contra Goliat, tal y como había etiquetado Bob Martínez el duelo de su Wigan contra el todopoderoso Manchester City. Tan potente económicamente como impotente futbolísticamente. Culpa de su incompetencia la tuvo, precisamente, el conjunto latic, que aguantó como un campeón todo el partido para machacar en el último suspiro. Un cabezazo de Watson cuando el cronómetro señalaba el minuto 90 puso justicia poética a una gran final en la que Callum McManaman —ojo a e este chico— lo había probado de todas las formas y colores. Pero el héroe no fue sólo el pelirrojo centrocampista, sino todo un Wigan que aun pasándolas canutas en la Premier se dio el capricho de su historia.

Y es que como toda moneda, en Wigan disfrutaron como niños pequeños del primer título de sus 81 años de vida: la cara. La cruz, sin embargo, espera en el tramo final del campeonato doméstico: los de Martínez tienen por delante dos finales más, las dos últimas jornadas que decidirán su futuro la máxima categoría. Este martes, sin ir más lejos, se mide al Arsenal con la obligación de ganar los tres puntos (suma 35) si quiere llegar a la jornada 38 dependiendo de sí mismo. Si lo hace ante los de Wenger, que buscan plaza de Champions, vivirán el próximo fin de semana un choque de infarto ante el Aston Villa, con 40 puntos y un partido más. Una locura, la de evitar el descenso a Championship, que pasa por ganar en el Emirates.

Sea como fuere, y en medio de la tormenta provocada por los malos resultados cosechados en la Premier, el mordisco en la FA Cup ante un City empecinado en fracasar, ha animado a una escuadra que en 2011 certificó su permanencia en la última jornada y que el curso pasado lo hizo en la penúltima. Sobrada experiencia, pues, para un Wigan con amplia representación española (Jordi Gómez, Joel Robles, Albert Crusat, Iván Ramis, Adrián López, Román Golobart) que espera que no haya dos sin tres y que el probable fin de etapa de su entrenador —suena como sucesor de Moyes en el Everton— acabe con un final feliz más allá de la consecución del primer título de su vida. Jugar la Europa League en Segunda no sería tan bonito.

Foto | www.guardian.co.uk

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.