Lo que al final prevalece

Casillas-despedida

“Juega por decreto”, se escuchaba con asiduidad acerca de Raúl en sus últimas temporadas como jugador del Real Madrid. También se decía que sería un problema para el club si se le sentaba en el banquillo, en uno de esos tópicos que no se sabe muy bien de dónde salen y se convierten en axiomas de la noche a la mañana. En su última temporada en el Bernabéu, asiduo del banquillo, era el primero en animar desde la banda. En ese año, el de Pellegrini en el banquillo, se calmaron las aguas revueltas que bajaban por Chamartín en temporadas anteriores, cuando el Siete dividía a la afición entre partidarios y detractores. La llegada de jugadores como Benzema y Cristiano Ronaldo acabó por condenarle a la suplencia y decidió que había llegado el momento de abandonar el club al que había y le había dado todo. Hoy, en una mezcla de agradecimiento y memoria selectiva, el recuerdo de Raúl en el Bernabéu es el del futbolista que hizo más grande al club. Ahora, una vez pasada la tormenta de los últimos años de Casillas en el Real Madrid, quizá también prevalezcan para la posteridad los buenos momentos del guardameta en la portería del Bernabéu.

Uno marcaba goles y el otro los evitaba, pero llegó un momento en el que el primero dejó de marcar tantos como acostumbraba y el segundo dejó de evitarlos con tanta frecuencia. El “pecado” que cometieron ambos fue no dar un paso a un lado cuando sus curvas de rendimiento comenzaron a decaer, sino mantenerse en la titularidad de igual forma que en el cénit de sus carreras. Hay futbolistas, de esos canteranos a los que se asocia indefectiblemente con un club en concreto, que mantienen un rendimiento óptimo hasta el mismo día de su despedida, como fue el caso de Paolo Maldini. Otros van dosificando esfuerzos alternando el césped con el banquillo, caso de Giggs, y otros deciden “hacer las Américas”, como hemos visto recientemente con Steven Gerrard. Pero Casillas, como Raúl en su día, quiere seguir siendo protagonista al más alto nivel: la continuidad en Madrid se antojaba complicada amén de angustiosa, no pudo ser el Arsenal ni tampoco la Roma, y ha sido en el Oporto donde ha encontrado acomodo y donde tendrá la oportunidad de seguir escuchando desde el césped el himno de la Liga de Campeones, ese torneo que tantas alegrías le dio.

En Do Dragão veremos si a Casillas le jugó una mala pasada la excesiva presión que había en las últimas temporadas en torno a su figura en el Bernabéu, y si tiene aún unas cuantas paradas en sus guantes. Por edad no es: no hay más que ver a Gianluigi Buffon a sus 37 primaveras, aquel con el que se repartió durante años el título de mejor arquero del planeta y al que le une una relación de cordialidad, deportividad y respeto mutuo (siempre me recordaron un poco a Federer y Nadal). Atrás quedan ya los debates con sus compañeros y a la vez rivales por el puesto, las polémicas extradeportivas (lo de topo y demás), las severas críticas de un sector de la afición madridista y las despedidas agridulces. Esperemos que en el recuerdo prevalezcan los innumerables buenos momentos que dejó en la portería del Madrid y los títulos conquistados por el guardameta más laureado del club y del fútbol español. Pero antes, como a Raúl en Gelsenkirchen, que le vaya bien en su nueva etapa en el país vecino.

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Gabriel Caballero

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