luis suarez

El Barcelona, en el mismo escueto comunicado en el que informaba del despido de Quique Setién, anunciaba que la de prescindir del cántabro era «la primera decisión en el marco de una amplia reestructuración del primer equipo». Una «reestructuración» que confirmó horas más tarde Josep Maria Bartomeu en una entrevista ofrecida a la televisión del club, baño y masaje mediante, y en la que ni corto ni perezoso, dijo «gracias por invitarme».

Esa noche el barcelonismo andaba con la mosca detrás de la oreja tras el desastroso resultado ante el Bayern. Buscaba respuestas. Y a falta de la dimisión del presidente, Bartomeu se sacó de la manga una lista de intransferibles en una plantilla a la que en las últimas temporadas se le ha visto las costuras, pero enmascaradas por la calidad de Messi y la conquista de diferentes títulos ―la Champions, principal anhelo culé, no― ha mantenido el núcleo duro, las vacas sagradas que ahora toca sacrificar.

Bartomeu sabía que la parroquia necesitaba respuestas, decisiones «¿Quién hay intransferible? Leo Messi. Él lo sabe. Es el mejor jugador del mundo. Hablaría también de Ter Stegen, Semedo, De Jong, Lenglet, Dembélé. El mismo Griezmann…», explicó, al tiempo que incluía en la lista a un Ansu Fati al que los cantos de sirena desde Inglaterra han puesto en alerta al máximo mandatario culé. «Ansu Fati tiene un gran mercado pero no lo vendemos. Es intransferible». El chaval, a todo esto, tiene nuevo representante: Jorge Mendes.

El dirigente blaugrana puso sobre la mesa los jugadores que en ningún caso, se plantea traspasar este verano. E, indirectamente, puso en el mercado al resto de la plantilla. Esto es, jugadores como Luis Suárez, Piqué, Jordi Alba o Busquets no recibieron el guiño de un Bartomeu que, queriendo rebajar la tensión entre los socios del Barcelona, ha devaluado más si cabe el valor de unos futbolistas que aunque hayan superado la treintena y lleven muchos años en el seno culé, valen más que la carta de libertad que se huele que les quiere dar.

El caso más flagrante quizá sea el del ‘9’. Un Suárez que, efectivamente, no está para jugarlo absolutamente todo. O al menos, no lo ha estado en los últimos tiempos. Esta última temporada también una lesión de rodilla le ha impedido participar en el 100% de los partidos, pero lo cierto es que una vez recuperado, ha tenido la confianza del entrenador. Pese a no presionar como antes, pese a no ganarle un carrera a cualquier defensa de cierto nivel, ha terminado por delante de cualquier otro. Y aun así, sus guarismos no son malos: 16 goles en Liga y ocho asistencias.

Pero el tema aquí quizá no son tanto los números sino las sensaciones, el rendimiento más allá de la estadística. Y, ciertamente, Suárez ha habido encuentros en los que ni estaba ni se le esperaba, sobre todo ante contendientes de calibre. Y ahora, justamente señalado porque por algo es un peso pesado del vestuario, ha recibido la notificación vía telefónica de Ronald Koeman de que no cuenta con él. La retransmisión en directo de las llamadas del técnico holandés también da para otro artículo.

Suárez tiene la sartén por el mango: un año de contrato y 17 millones de euros netos por temporada. Y ofertas que difícilmente igualarán sus emolumentos en Can Barça. ¿Alguien cree que porque no cuenten con él perdonará tal apetecible nómina? ¿Qué club puede permitirse pagarle ese salario y a la vez un traspaso? Lo lógico es que Suárez apure su vinculación, cobre lo que le toca y el año que viene, libre, elegir su destino. Al menos es lo que haría cualquier mortal si la empresa en la que trabajas te quiere echar.

Lo del charrúa, tercer máximo goleador histórico del club, es perfectamente extrapolable a futbolistas como Rakitic, Umtiti o Vidal, quienes más papeletas tienes para dejar el Barça en las próximas semanas. El Barça los ha puesto públicamente en la lista negra, lo que deprecia su valor de cara a posibles ofertantes, cuando son futbolistas por los que se podría sacar algo de dinero para maquillar las mermadas arcas barcelonistas. Piqué, Busquets y Alba parece que de momento y milagrosamente se salvan de la purga de Koeman, pero quedan muchos meses por delante y la ventana de fichajes se cierra en octubre.

La limpia que tiene que llevar a cabo el Barcelona me recuerda a la que hace un año debía realizarse en el Real Madrid, y que finalmente no se llevó a cabo. Ninguno valía, eran todos viejos, y al final, terminaron conquistando LaLiga los mismos que habían hecho el ridículo en la anterior. La diferencia, salvo en el caso de Bale, es que públicamente no se hizo una lista de intransferibles. Al final, Suárez se terminará quedando y, como decía Toshack, acabarán jugando «los mismos cabrones de siempre». Las cosas se pueden hacer bien o como las hace el Barça, que también tiene entre manos el lío de Messi.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.