messi anuncia que quiere salir

El bombazo saltó durante la tarde del 25 de agosto: Messi, a través de un burofax, comunicaba al Barcelona su intención de abandonar el club en el que ha crecido, ha madurado y se ha convertido en leyenda. A un mes de cumplir 20 años en él, once días después de la mayor derrota europea en la historia culé, y apenas 24 horas más tarde de conocerse que Ronald Koeman habría llamado a su amigo Luis Suárez para comunicarle que no cuenta con él. El rumor que corría en los últimos días fue la antesala de una noticia que al barcelonismo sentó como un disparo en el pecho y que desencadenó, como era de esperar, un sinfín de reacciones en el que el principal señalado fue, una vez más, el presidente: Josep Maria Bartomeu.

El mismo, como ya comentamos, que con una sonrisa maquiavélica aseguraba sin titubear que Messi no solamente no se marcharía, sino que pondría fin a sus días de fútbol enfundado en la elástica blaugrana. El mismo que no dimitió. El mismo al que se le pide que lo haga, de manera fulminante, si eso trae consigo la continuidad del 10. Todo comenzó con una servilleta y puede terminar con un burofax. Y aunque las decepciones vienen de lejos, todo empezó a venirse abajo después, paradójicamente, del mejor partido de la temporada del Barça: aquel que perdió ante el Atlético en la Supercopa, al que le siguió la destitución de Valverde, la llegada de Setién, la pérdida de una Liga en la que era líder antes del confinamiento, la nueva destitución de Setién, la no dimisión de un presidente sin credibilidad, la contratación de Koeman y, de regalo, la llamada del holandés al mejor amigo de Leo en el vestuario para comunicarle que haga las maletas.

Son demasiados los ingredientes en la coctelera para que una vez agitada, haya salido la decisión que tiene en vilo al Barcelona. El desgaste de Messi con la directiva viene de lejos, un tira y afloja que ha mantenido tanto en los micrófonos como a través de las redes sociales, como cuando contestó a Abidal tras acusar a la plantilla de no trabajar lo suficiente. Un conflicto al que luego se unió el de la reducción de salarios por el tema de la pandemia, que nuevamente tuvo que salir a desmentir Leo. Más tarde sus declaraciones en las que afirmaba que quizá, con lo que había, quizá no les llegaba para ganar la Champions. Como así terminó siendo, mediante un doloroso descalabro que en lugar de cobrarse al peor presidente de la historia culé, se cobrará, salvo giro inesperado de los acontecimientos, al mejor jugador de la historia del Barça.

Y todo ello rodeado de un aura circense, cutre, lejos de los valores que supuestamente promueve una entidad que ahora mismo, necesita mirarse al espejo y pedirse perdón. La cosa no termina aquí: Messi ha pedido marcharse, pero no le dejarán salir así como así. O al menos, eso es lo que cuentan desde una directiva donde el descrédito es su principal mandamiento. Messi quiere largarse gratis, como reza su contrato. Y en el Barcelona aseguran que esa posibilidad cabía hasta el pasado 30 de mayo. No sé en qué momento aprobaron tal cláusula liberatoria, pero desde luego que traerá cola. En realidad, otra cosa no, pero tener contento económicamente hablando ha sido la prioridad siempre de Bartomeu, ya que si no, no se explica que accediese a valorar la opción de marcharse cuando quiera y sin traspaso mediante. Deportivamente es otra cosa: desde que se fue Neymar, los fichajes multimillonarios no han funcionado como deberían. Quizá fruto de las prisas, de la improvisación, o de la falta de estrategia. Y todo ello ha llevado a una temporada sin títulos y una imagen destrozada, doce años después.

Messi es totalmente libre de marcharse, faltaría más. Pero las formas no encajan con su forma de ser. Filtrando su deseo a la prensa argentina, que fue la primera en dar la noticia, hacerlo con un burofax, muestra de la relación que tiene con Bartomeu, y no a través de los múltiples canales que ofrece hoy en día internet; y hacerlo en uno de los peores momentos que vive la institución. Todo ello siendo el capitán, el líder e icono del Barcelona, el futbolista más determinante de la última década y media. La afición anda asmática perdida, no se cree que Messi vaya a marcharse, y menos así, y ahora. Pide la cabeza inmediata del presidente, por si podría hacer replantear su decisión al argentino. El nudo en el estómago del todavía presidente también debe ser de aúpa tras pregonar a los cuatro vientos que el mejor jugador de la historia no abandonaría el Titanic en pleno hundimiento. Pero si así termina resultando, no lo dejará marchar por menos de 222 millones, o eso aseguran. El Barça es un circo, en el que ya no sonríe ni Bartomeu.

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.