Aimar Centeno: el mejor entre 12.000

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Imagínate que tu sueño, ese que no te permite dormir por las noches, lo compartes con 12.000 personas. Imagínate, por un momento, que te ofrecen la posibilidad de acceder a él. Pero siempre y cuando demuestres ser mejor que los 11.999 que también suspiran por ese sueño. Imagínate que sueñas ser jugador de fútbol y que si eres elegido entre esos miles de aspirantes, tendrás la oportunidad de hacer una prueba con el Real Madrid. Imagínate, que ya empieza a ser mucho, que finalmente te impones ante tanta competencia y sí, realizas la prueba con el Real Madrid; que lejos de ser el equipo al que amas, si te da la posibilidad de dejar tu Argentina natal, esa que tantos dolores de cabeza provoca a ti y a tu familia. Perfecto. Has conseguido lo más difícil. O quizá no. Porque el camino a la gloria muchas a veces se confunde de dirección y te lleva a otro sitio. Que no tiene porqué ser peor, pero que te aleja de tu sueño.

Quizá alguno la recuerde. Es la historia de Aimar Centeno, hoy un tipo anónimo que en su día vivió la fugaz experiencia de la fama en sus carnes. Corría el 2002, tenía 16 añitos. Aimar es el protagonista inesperado del primer párrafo. Por aquella época afloraban los concursos de telerrealidad. No tanto como ahora, todo hay que decirlo, pero en medio de gente metida en una casa, chavales cantando ante un micrófono, otros estudiando para ser el mejor actor y más gente metida, esta vez en un autobús, en Argentina tuvieron la ocurrencia de crear un concurso en el que el ganador realizaría las pruebas con el Real Madrid. Al casting asistieron 12.000 chavales y entre los 16 finalistas terminó el que a la postre sería el ganador de Camino a la gloria: Aimar Centeno, que por entonces se formaba en la Escuela de Fútbol de Renato Cesarini, de donde salieron jugadores como Sensini, Solari, Mascherano o Piatti.

Para su infortunio, el destino quiso que no siguiera los pasos de dos de sus compatriotas. Ni de Cambiasso, que, como él, había llegado al club blanco a los 16 años; ni del citado Solari, que vistió la blanca durante cinco veranos. Tuvo la suerte de conocer a Vicente del Bosque y de tener como profesores a Míchel, Butragueño y Sanchís. Después de ganar el reality, Aimar se desplazó a Madrid. En el club blanco le esperaban con los brazos abiertos, pero en ningún momento garantizaron a la organización del programa que formaría parte de La Fábrica. En su primer entrenamiento con el Juvenil C blanco, zas, sufrió una lesión en el aductor de su pierna izquierda. Tras diez días en las que tuvo tiempo de ser entrevistado y dejar entrever su esperanza por vestir la inmaculada elástica madridista, pasó dos semanas entrenando, disputando dos partidos y, muy a su pesar, recogiendo el billete de vuelta a Argentina.

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Aimar, cuentan, era un extremo ambidiestro con mucha proyección, como acredita ser el ganador de un concurso con tantos participantes. Sin embargo, su sueño se truncó de buenas a primeras. Había visitado incluso la televisión oficial blanca. “Vengo a hacer el mejor papel posible. Tengo muchas ganas de empezar ya. Estoy muy ansioso por entrenarme. Si al final tengo la suerte de quedarme… ¡Bienvenido sea! Mientras tanto, trabajaré duro, haré las cosas lo mejor que pueda y me acordaré mucho del resto de concursantes que no han podido llegar hasta donde yo estoy en este momento. No puedo defraudarles”, relataba a Real Madrid TV nada más pisar tierra prometida. Al volver, ya sin esa expectación que había levantado su prueba con el conjunto de Chamartín, trató de reencontrarse con el fútbol, pero de otra manera.

Pese a ser acérrimo seguidor de Boca Juniors y fan de Riquelme, probó suerte en River Plate. También en las inferiores de Rosario Central. El sueño de dedicarse al fútbol se fue esfumando con el paso del tiempo y en su retorno a Agustín Roca, una pequeña localidad de poco más de 300 habitantes de la provincia de Buenos Aires, se enroló ya sin cámaras, flashes ni micrófonos al Origone FC, donde apodado Pasuchi y defendiendo la camiseta del club de su pueblo —al que por sus colores llaman cariñosamente el Milan de Agustín Roca—, cosechó el Torneo Interligas en 2010, primer título de este modesto conjunto del pueblo desde 1983 y segundo en su historia. Con el ‘10’ a la espalda, el del referente sobre el campo, pero sobre unos terrenos de juego que distan mucho de aquellos que pisó hace más de una década, Aimar Centeno, hoy con 27 años, disfruta del fútbol de una forma distinta a la que soñó, pero bien:

Pero si todo sale mal, ¿volvería con la frente marchita? —le preguntaron en 2002, durante su estancia en la capital.
Usted no juega al fútbol y vive bien, ¿no? —respondió— Pues yo, igual. Seguiría viviendo bien, pero con una espina clavada.

+ Info | El sueño roto de Aimar (Rubén Uría)
+ Info | Del Real Madrid al Milan de Agustín Roca (Revista Un Caño)
+ Info | Entrevista a Real Madrid TV (As, 2002)
+ Info | Entrevista en ABC (2002)

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.