Michy Batshuayi

Con más pena que gloria. Así se podría catalogar el paso por la Liga de Michy Batshuayi, internacional belga que llegó con la vitola de crack al Valencia y que se ha marchado al Crystal Palace en el mercado de invierno. Surgido de la inagotable cantera del Standard de Lieja —Oblak, De Bruyne o Carrasco pasaron por ella— abandonó su país en 2014 para fichar por el Olympique de Marsella, donde tras dos temporadas en las que se convirtió en lo único rescatable del cuadro galo (17 aciertos en 36 apariciones), llamó la atención de varios clubes europeos. Se llevó el gato al agua el Chelsea, que pagó 40 millones por hacerse con los servicios del futbolista, en verano de 2016.

Comenzó bien en Londres, asistiendo a Diego Costa en su debut en la Premier —jugó cinco minutos— y marcando en la segunda jornada —donde volvió a salir de refresco—. Sin embargo, poco a poco fue dejando de entrar en los planes de Antonio Conte. Batshuayi fue inquilino habitual del banquillo y, de vez en cuando, disfrutaba de los minutos de la basura. Con 112 a sus espaldas tras 37 jornadas, el italiano le dio otros 14 en el antepenúltimo duelo de los blues, que se estaban jugando el título. Pues bien, un gol del belga terminó dando la Premier a los de Londres (0-1 al West Ham) y a ‘Batsu’ su primera titularidad, ya con el torneo resuelto, la siguiente jornada. En los tres últimos envites anotó cuatro de sus cinco dianas en la competición.

Llegamos así a la pasada temporada, donde a pesar de empezar como titular en el debut liguero, rápidamente pasó a un segundo plano en detrimento de Morata, que llegó para sustituir a Diego Costa y que condenó otra vez a Michy a ejercer de revulsivo. Pero nada más lejos de la realidad: en sus escasas participaciones marcó únicamente dos tantos y en invierno hizo las maletas rumbo a Dortmund, donde el Borussia le abrió las puertas para, esta vez, sí reencontrarse con su mejor versión. A la Bundesliga se adaptó cuan ave fénix y ya en el estreno con su nueva casaca firmó un doblete. Terminaría anotando 7 goles en 10 partidos porque una lesión le impidió terminar el curso, aunque ello no le impidió ser convocado por los Diablos Rojos para el Mundial, donde fue suplente de Lukaku.

Su buena actuación en tierras germanas, su juventud y olfato goleador llamaron la atención el pasado verano de muchos pretendientes que, sabedores que no entraba en los planes de Maurizio Sarri para su etapa en Stamford Bridge, acometieron su cesión. Sonó su regreso al BVB, el Sevilla lo tanteó… pero fue finalmente el proyecto del Valencia, con la Champions League como telón de fondo, el que convenció a Batshuayi. Se supone que el ariete de origen congoleño era una de las peticiones expresas de Marcelino para combatir el adiós, petición mediante también por parte del técnico, de Zaza. Junto a Gameiro, Rodrigo, Guedes y Santi Mina los ché iban a disfrutar de un ataque demoledor. Y que el ‘23’ iba aportar el dinamismo, la velocidad y la verticalidad de la que carecía su antecesor transalpino.

Pero nada. El rendimiento del delantero ha estado a años de luz de las expectativas generadas transformando la ilusión que generó su llegada a Mestalla en decepción y mostrándose como una caricatura de lo que fue en Francia o Alemania. Cinco meses sin sustancia, con poco remarcable, con un trato con el entrenador asturiano que no ha sido el ideal y con unos resultados que tampoco han acompañado a los murciélagos. Batshuayi no se ha adaptado o no se ha querido adaptar, haciendo méritos para marcharse en la ventana de fichajes invernales. Con un gol en Liga, otro en Copa y un fallo ante el Sporting que Marcelino catalogó como “la ocasión más clara en seis meses” de su equipo —y que dejaba bien clara la tensa relación con su pupilo— el belga puso fin a su efímero paso por la capital del Turia. Una lástima.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.