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Creíamos que el 2-8 sufrido frente al Bayern de Múnich iba a hacer temblar los cimientos del FC Barcelona, pero han bastado 72 horas para comprobar que no va a ser así. La junta directiva encabezada por Josep Maria Bartomeu convocó una reunión de ‘urgencia’ que se produjo… tres días después de la debacle en Lisboa, por lo que el concepto ‘urgencia’ en Can Barça está más bien desvirtuado. Es como si te disparan en el pecho, vas al más médico y tardan tres días en extraerte la bala… si es que no estás ya en el otro mundo. Keep calm, debió pensar el presidente barcelonista.

En esa asamblea ‘urgente’ de la directiva culé se tomaron las “decisiones” que según el propio Bartomeu, ya estaban meditadas antes del encuentro de Lisboa. Esto es: la dimisión en bloque de una junta directiva sin crédito, el anuncio de elecciones por parte de la comisión gestora en menos de tres meses y el perdón y la responsabilidad por la deriva que en las últimas temporadas ha tomado una institución con tanta historia como la barcelonista, mediante un extenso comunicado en el que reconocen, punto por punto, las situaciones que les han llevado a echarse a un lado en estos momentos tan delicados. Bartomeu y compañía saben que su imagen está más deteriorada que nunca, y que eso afecta directamente al FC Barcelona. Saben que no están legitimados para tomar una decisión más, y abandonan para que la reconstrucción arranque cuanto antes.

¡Qué no! ¡Qué es broma!

Lo que sucedió en esa reunión de ‘urgencia’ fue lo previsible: anunciaron la destitución de Quique Setién en un escueto comunicado y que en las próximas horas se sabrá el nombre del nuevo entrenador ―a todos los efectos, Ronald Koeman―. Bartomeu sigue, Abidal sigue y las elecciones se llevarán a cabo el primer día de partido después del 15 de marzo.

O lo que es lo mismo: Bartomeu concluirá su mandato, sin adelantar absolutamente nada ―los estatutos del club obligan a que se pongan las urnas entre el 15 de marzo y el 15 de junio―. Y ni mucho menos abandonará un cargo para el que en su día le votaron los socios, y al que se aferra contra viento y marea, contra goleadas y críticas. Contra ridículos y presión.

Pero con la complicidad de algunos medios.

El 2-8 podría haber desencadenado una reacción en cadena que únicamente terminará con el cambio de técnico (el favorito era Pochettino). Es cierto que el tiempo se le ha echado encima a la actual directiva, y que de haber transcurrido el curso natural de las cosas, sin pandemia de por medio, con público en el Camp Nou y con un final de temporada el 23 de mayo, fecha en la que debía disputarse la final de la Champions League, seguramente las “decisiones” hubiesen sido otras. Entre otros motivos, porque con aficionados en el estadio, otro gallo hubiese cantado.

Así que estos días, a falta de dimisiones, la condescendiente prensa deportiva hablará del ilusionante proyecto de Ronald Koeman, de que si la pieza que ha solicitado el holandés es Van de Beek, de si la continuidad o no de los pesos pesados es conveniente o de si Bartomeu ha tomado la mejor decisión agarrándose al trono como un clavo ardiendo. Cuando en realidad, de lo que tocaría anegar las portadas, es de la desfachatez de una directiva que se mea encima del barcelonismo, pero dice que llueve.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.