Parar lo imparable

La lesión de Víctor Valdés fue un duro revés con el que nadie contaba en el seno del Barcelona. Un mazazo en toda regla por la seguridad que transmite a sus compañeros y por su innegociable calidad bajo palos. Pero el fútbol tiene estas cosas: seis meses fuera de los terrenos de juego y la salud de la portería azulgrana en manos de José Manuel Pinto, un guardameta de 38 años, con espíritu juvenil, que a lo único que debe aspirar de aquí a final de temporada, es que no se hable de él. Ante el Celta de Vigo, escuchando la radio, ya le caían palos. Llegué a escuchar que el andaluz «sólo para lo parable». Está claro que las comparaciones son odiosas, pero tras esas trenzas y ese buen humor que siempre desprende el cancerbero, hay una trayectoria que muchos obvian. Su carrera, parece, empezó en Can Barça. Y mal que les pese a algunos, no es así.

A diferencia de lo que ha sucedido con Víctor Valdés, el hecho de que Pinto todavía no haya ampliado su contrato no provoca ningún debate. El Barça, que en anteriores ejercicios tenía el nuevo vínculo listo para Navidad, pasó olímpicamente la pasada. Según apuntan, la continuidad de Pinto se negociará a partir de junio, guiño inequívoco de que no las tienen todas consigo con el portuense. De no ser así, haría meses que sabría el devenir de su futuro. La segura marcha de Valdés probablemente tenga mucho que ver. El club, antes de garantizar que Pinto renueva, quiere constatar que el sucesor de Víctor tiene más calidad que el habitual segundo guardameta. Ter Stegen es el elegido: el chaval promete, por muchos errores infantiles que se destaquen de su labor, pero habrá que ver cómo encaja en un club de la dimensión del Barcelona tras jugar en el modesto Borussia Mönchengladbach. De ahí que el Barça mantenga la prudencia y no descarte fichar otro portero (¿Reina?).

Por ello, y aunque políticamente suene horrible, la lesión de Valdés le viene como anillo al dedo a Pinto. Para él es una magnífica oportunidad. La oportunidad. Desde que llegó al Camp Nou un frío enero de 2008 para cubrir la lesión del suplente de entonces, Albert Jorquera, su concurso se ha visto reducido a competiciones como la Copa del Rey o encuentros sin excesiva trascendencia. Víctor, lógicamente, le eclipsaba. Y vino, básicamente, sabiendo cuál iba a ser su rol. Que haya permanecido seis años, cuando firmó para seis meses, también le ha convertido en uno de los líderes del vestuario, donde según dicen hace buenas migas con Messi. Después de ver desde el banquillo todos los títulos con empaque, esos que a todos les gusta jugar, puede tapar todas las bocas que dudan de él en el tramo más importante del ejercicio.

Pinto será titular esta noche ante el Atlético de Madrid (20:45 horas, La 1) en la ida de los cuartos de final de la Champions League, y su misión será evitar los goles colchoneros. A su favor también tendrá la posible ausencia de Diego Costa, aunque el peligro rojiblanco lo conforma no sólo el hispano-brasileño, sino el bloque compacto que ha reunido Simeone y en el que si no está Costa, está Villa. Será la primera final de su particular Tourmalet de aquí a junio. Para él, todo serán finales. Tendrá que parar lo parable y lo imparable. Recordar que por algo fue Zamora en 2006; que el que tuvo, retuvo. Y si sale airoso de todo eso, en junio nadie discutirá su renovación.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.