Círculo vicioso

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Para el barcelonista de a pie, que Sandro Rosell haya dimitido de su cargo huele a chamusquina. Si se ha ido es porque algo oculta, o eso dicen los menos entendidos que, a su vez, tienen parte de razón. ¿Por qué ha abandonado el máximo dirigente azulgrana un club al que llegó con el récord de apoyos por parte de los socios? Pues quizá, no sé, por no ser sincero con ellos. O al menos con uno, el mismo que le demandó, que tiró la querella hacia adelante cuando lo más sencillo hubiese sido una simple respuesta de Rosell aclarando qué diablos ha pasado, quién ha distraído a quién, en el fichaje de Neymar.

Sandro Rosell se marcha por la puerta de atrás y le sustituye, hasta saber cuándo, Josep Maria Bartomeu, hasta ahora mano derecha de Rosell —primer vicepresidente— y que está dispuesto a cumplir el mandato, que finaliza en 2016. Nada de elecciones anticipadas, para qué. Seguirán gobernando el FC Barcelona los mismos que negociaron la contratación de Neymar, aunque aquí el pato lo ha pagado —y habrá que ver si con razón o no— la más visible de las cabezas pensantes barcelonistas. Bartomeu, así como el resto de la cúpula culé, es probable que se vea también envuelto en la polémica en unas semanas, porque la intención de Jordi Cases, el socio demandante, es ampliar la querella. ¿También dimitirá?

Y así, como si nada, el FC Barcelona, el círculo virtuoso que en su día propuso Laporta al hacerse con la presidencia con Rosell de vicepresidente y con su posterior dimisión —junto a Bartomeu, entre otros— se desmorona poco a poco. Se fue Pep Guardiola, que no dudó en cargar contra el propio Rosell. Luego llegó Tito, pero su enfermedad le dejó a medias y tuvo que priorizar su salud. Y entre tanto, también se marchó Abidal, otro icono no sólo del fútbol sino de la vida y que ha seguido su carrera —esa que estaba en entredicho— como si nada en el Mónaco. Llegó Neymar y con él escándalo. Llegó el Tata y se trajo consigo la nostalgia. De Qatar Foundation a Qatar Airways. Este Barça, autodestructivo, no es el mismo. Es un Barça desalmado, extraño, que ha cambiado en unos años el concepto de círculo virtuoso por el de vicioso.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.