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Si hace unos días, tras eliminar al  Wolverhampton en cuartos de final de la Europa League, hablábamos de la resistencia del Sevilla FC en su competición fetiche, tras despachar al Manchester United (2-1), la palabra que vuelve a definir mejor la capacidad hispalense vuelve a ser la misma. Lo es porque ante los Diablos Rojos tuvo una fase, especialmente en el inicio de la segunda mitad, en la que el chaparrón de ocasiones lo frenó como un titán el bueno de Bono, a la sombra de Vaclík durante la competición doméstica y sobresaliente en la continental. Y lo es porque alcanzar la sexta final de la Europa League no ha sido un camino de rosas para el director de orquesta sevillista: Julen Lopetegui.

Y es que no hay que retroceder mucho en el tiempo para escuchar como un sector de la grada del Sánchez Pizjuán reclamaba su cabeza vociferando «Lopetegui dimisión» el pasado 27 de febrero. Sucedió, precisamente, tras un duelo continental, el que midió al cuadro nervionense con el Cluj en la vuelta de los dieciseisavos de final. En la ida, disputada en Rumanía, el marcador terminó con 1-1. Y en Sevilla, pese a las incontables ocasiones para sellar la clasificación, la angustia se apoderó por instantes del coliseo blanquirrojo ya que en el minuto 87, Paun, desde fuera del área y con la complicidad de Bono que no pudo embolsar su disparo, anotó el 0-1. Sin embargo, la eliminación duró unos instantes, lo que tardó el VAR en observar que en el origen de la jugada, Traoré la había tocado con la mano. Los suspiros de alivio dieron paso a la pañolada y consiguiente griterío en contra del técnico vasco.

Lopetegui fue la apuesta personal de Monchi en su regreso a la perla del Guadalquivir. Su fichaje tuvo detractores entre algunos directivos, pero lejos de optar por la vía fácil, que hubiese sido hacer caso a las voces críticas y poner fin a las primeras de cambio a la etapa de un técnico que firmó por tres temporadas meses atrás, prefirió echar mano de la paciencia y el trabajo de un preparador al que se reclamaba regularidad en su juego y que sin embargo, ha mantenido a lo largo del curso a su equipo entre los cuatro primeros, terminando igualado a puntos con el tercero y clasificando, dos años más tarde, al Sevilla para la Champions League. Y todo, con una plantilla construida prácticamente desde cero y que ha sabido encajar como un guante.

También para Julen suponía un reto mayúsculo dirigir a la escuadra hispalense. Tras entrenar al Oporto, su abrupta salida de la Selección Española a días de comenzar el Mundial tras acordar su fichaje por el Real Madrid y su efímero paso por la Casa Blanca, en la que fue devorado por la presión y un 5-1 ante el Barcelona que significó su despedida en octubre de 2018; el exguardameta tenía varias espinas clavadas. Por todo ello, no creo que sea necesario esperar a que gane o no la finalísima para reconocer su mérito, ya que independientemente de que acabe alzando o no la sexta Europa League del Sevilla, su labor merece ser pregonada a los cuatro vientos: si Lopetegui es uno de los mejores entrenadores del año, se dice y no pasa nada.

En NdF | La resistencia del Sevilla

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.