En una entrevista concedida en octubre de 2016, dos meses después de llegar al Barcelona, Jasper Cillessen reconocía a la revista ‘Helden Magazine’ de su país que no había recalado en el conjunto blaugrana “para hacer turismo” y que trabajaba con un psicólogo deportivo porque entre ceja y ceja tenía un solo objetivo: desbancar a Ter Stegen de la titularidad. El holandés, procedente del Ajax, le costó al Barça 13 millones de euros; y dos años y medio después de su aterrizaje en la Ciudad Condal sigue a la sombra del alemán, probablemente en el top tres de los mejores guardavallas del mundo.

La secretaría técnica barcelonista pensó en el internacional neerlandés después de traspasar a Claudio Bravo al Manchester City. El chileno, que era habitual bajo los palos del Camp Nou, vio las orejas al lobo, escuchó los cantos de sirena de Pep Guardiola y acabó en una Premier League en la que le ha ido más discreta que brillantemente. Stegen, apuesta en su día de Zubizarreta, también amagó con marcharse si situación no cambiaba, por lo que el Barcelona no dudó y prefirió quedarse con la juventud del alemán, cansado de jugar ‘únicamente’ la Champions League y la Copa del Rey.

La rotación en la portería, sin embargo, se detuvo tras la llegada de Cillessen. Stegen acaparó las dos principales competición, tanto la de la regularidad como la europea, mientras que la travesía por el desierto de Jasper no hacía más que comenzar, ‘desplazado’ a los encuentros correspondientes al torneo del KO. Con él defendiendo el portal culé, la hegemonía copera no se ha detenido y suyas han sido las intervenciones que durante las dos últimas temporadas, han llevado a su equipo a lo más alto de un trofeo denostado muchas veces por los grandes, a quienes levantarlo no les salva la temporada.

Cillessen estuvo presente en el entorchado ante el Alavés (2017) y Sevilla (2018). Precisamente ante el cuadro hispalense, en la noche de ayer, volvió a emerger su figura, aunque los focos apunten también —y como es habitual— a Messi. El Barça debía remontar un 2-0 en contra y el coliseo blaugrana vivió una noche mágica, de las que dignifican el torneo, como la que un día antes protagonizaron Valencia y Getafe. Mucho se había hablado durante la semana del teórico pasotismo del vigente campeón, más pendiente de otras lides, que en desgastarse por estar en semifinales.

Pero no. A diferencia de lo sucedido en el Pizjuán, Valverde sacó todo su arsenal. Y entre ellos, Jasper, seguramente, el tipo con más ganas de lograr el billete en liza. No desaprovechó su momento. Con 1-0 en el marcador, salvó el empate sevillista en dos tremendas ocasiones. La primera, en el 24’, y tras un tremendo remate de tacón de André Silva en el que se estiró para poner la manopla. Y tres minutos después hizo lo propio con el lanzamiento de penalti de Banega, al que le adivinó las intenciones para mandar al limbo, otra vez, la igualada. En el 32’ y tras los dos incendios en el área blaugrana que apagó el meta, llegó el tanto de Rakitic.

Convertido en héroe inesperado, a sus 29 años detuvo un penalti por primera vez en su carrera. Un dato que, visto lo visto, parece inverosímil, pero que pone en valor su fiabilidad en decisivos envites. Más tarde, y con 4-0, un mal pase suyo —al César lo que es del César— originó el tanto de Arana que añadió pimienta a la eliminatoria pero que terminarían resolviendo los locales en las postrimerías. Eso sí, la balanza de los aciertos se impone a la de los errores para un Cillessen a la que no le queda otra que seguir soñando con la Copa y que sería titular en cualquier equipo del mundo… menos en el Barça.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.