Felipe Caicedo contra lo que se supone

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Los octavos de final de la Copa del Rey vivieron anoche una sorpresa, sobre todo agradable, para el respetable del Power8 Stadium. Tras perder en el partido de ida en Mestalla por dos goles a uno, el Espanyol necesitaba por lo menos un tanto para lograr el pasaporte a los cuartos y dejar en la cuneta a nada más y nada menos que un Valencia venido arriba en las últimas semanas. Al conjunto perico si una cosa le ha imprimido casi sin querer el bueno de Sergio González es irregularidad. Con una economía de guerra, el otrora héroe espanyolista en la competición del KO, ha debido hacer encaje de bolillos para contar con una plantilla decente cuya principal misión no es otra que la salvación.

Sin embargo, y gracias a la presencia del excentrocampista, el Espanyol pudo hacerse el pasado verano con Felipe Caicedo, el que fuera compañero suyo en el Levante y que malgastaba su corpulencia y fútbol en el poco apasionante fútbol árabe. Antes Caicedo ya había dejado gotas de su calidad en el Málaga y sobre todo en el cuadro granota, lo que le valió para ser traspasado al fútbol ruso, donde su olfato goleador se heló. El fútbol español, pues, ha sido hasta la fecha donde mejor rendimiento ha ofrecido el de Guayaquil, por lo que su llegada a Cornellà suponía ese toque de calidad a una plantilla plagada de jugadores de la cantera, cedidos y fichajes a coste cero en la que prima el bloque sobre las individualidades y en la que en éstas reinaba Sergio García.

Fijo para Sergio en las alineaciones siempre que su estado físico se lo ha permitido, ayer se quedó en el banquillo para que fuera Stuani, habitual revulsivo y goleador en los minutos finales, el que saliera de la partida ante el Valencia; como ya sucedió en la ida, donde el uruguayo mojó e incordió a la zaga ché. La eliminatoria se puso de cara cuando Mustafi vio la roja a los 13 minutos, pero la pelota, por muchas jugadas que crearan los locales, no había manera de que perforara la meta de Yoel. Así las cosas, a Sergio no le quedó más remedio que tirar de su colega porque a falta de un cuarto de hora la clasificación era para los de Nuno, que jugaban con un hombre menos.

Salió ‘Felipao’ e hizo un Stuani: primero no tuvo miedo de estamparse contra el guardameta visitante para lograr de un testarazo el gol que acercaba a los cuartos al Espanyol. Fue en el 79’. Diez minutos después, una magnífica jugada de Lucas Vázquez (ojo con él) la volvió a finalizar con éxito y su zurda el gigantón ecuatoriano. En el último gol que firmó Caicedo, el gesto de silenciar el estadio sentó un poco mal a una parte del espanyolismo, por mucho que después tratara de suavizar su gesto señalando a un solo aficionado que le había insultado. Ayer sus dos tantos mandaron al limbo a los escépticos y demostraron una vez más que la aparente escasez de talento no está reñida con la ilusión, capaz de contrarrestar cualquier suposición. El Espanyol ya está en cuartos.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.