malcom celebra gol real madrid

Sorprendió, o quizá no tanto, la entrada de Malcom en el once inicial ante el Real Madrid. Sin embargo, ¿quién en su sano juicio comprendería que Valverde arriesgase con Messi en la ida de una semifinal copera, por muy clásico que sea el partido? El crack del Barcelona, tras el golpe que recibió el pasado fin de semana, no estaba para jugar todo el encuentro y quién sabe si quizá tampoco lo poco que jugó, aunque esa es otra historia. Lo cierto es que los culés salieron al derbi como elefante en cacharrería y no fueron pocas las voces que suplicaron la presencia del argentino en busca de una reacción que tardó casi una hora en llegar al Camp Nou.

Y es que para que el Barça salga mal en su casa tiene que haber algún factor que así lo fuerce. Además de la ausencia de su ‘10’, sobre el césped del Estadi se plantó un equipo dispuesto a encarrilar el billete hacia la final del Villamarín. El Real Madrid salió entregado, voluntarioso, motivado, sin renunciar a la posesión y poniendo en apuros a Stegen. Normal que a los seis minutos celebraran el primer tanto de la noche, obra de Lucas Vázquez. El canterano conectó con el esférico tras un cabezazo de Benzema al que le precedió un centro de Vinicius, que al menos durante la primera mitad no se arrugó para ser su estreno en un escenario de tal magnitud como es el blaugrana.

Con el marcador en contra nada más comenzar, los barcelonistas debían empezar a carburar si no querían que la eliminatoria se pusiera más cuesta arriba. Le costó más de lo esperado, pero poco a poco lo fue haciendo. El peligro llegaba habitualmente por el flanco derecho, donde la conexión Semedo-Malcom dejaba al aire las miserias de un Marcelo al que le falta rodaje, confianza o las dos cosas. No va sobrado de eso tampoco Coutinho, que deambula por el campo como si de un debutante en estas lides se tratara. No encara, no arriesga, no se le ve comprometido. Y de su característico disparo no hay noticias. Con Dembéle recuperado y Malcom mejorando, lo lógico es que vuelva pronto al banquillo.

Malcom, la sorpresa en la alineación, no tuvo un espectacular inicio. Falló un mano a mano con Keylor que aunque acto seguido quedó anulado por fuera de juego, recordó a uno similar que mandó al limbo en el Sánchez Pizjuán. Pero el brasileño se repuso y no paró de ofrecerse, de colgar balones al área… de buscarla, a fin de cuentas, con un atrevimiento que al final tuvo su premio con el gol de la igualada, ya en la segunda mitad (57’) y cuando Messi se preparaba en la banda para arreglar el desaguisado en el que andaba sumido su equipo. Leo jugó la última media hora pero tras un inicio esperanzador en el que a los suyos les cambió el chip, la emoción se fue difuminando.

Al Real Madrid no parecía venirle mal el empate y al final, incluso, dio la sensación que al Barça tampoco. Solari, que además de Marcelo introdujo a Llorente de la partida como principal cara nueva, tuvo que sustituirlo, con molestias, por Casemiro. Junto a él, un Bale que gozó de una buena ocasión tras una salida en falso del meta culé y la consiguiente asistencia de Benzema; y un Asensio que aunque salió en el 84’ por si sonaba la flauta, podría pasar perfectamente como el Coutinho madridista, pero sin haber costado 140 millones de euros: el balear, este curso, ni está ni se le espera. El próximo 27 de febrero en el Bernabéu, segundo y definitivo asalto de un clásico que esperemos, no decepcione.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.