Neymar reina en el Calderón

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Reconozco no saber si he visto un partido de fútbol o una película de Guy Ritchie. Hubo disparos en forma de lanzamientos, persecuciones, unos pocos buenos y unos cuantos villanos y hasta algún que otro detenido. Sólo faltaron Madonna y Robert Downey Jr. En mitad de todo hubo fútbol, claro que sí: hasta cinco goles vimos en un entretenidísimo primer tiempo que dio paso a un segundo en el que pasó de todo y poco relacionado con el balón. A ese segundo tiempo llegó el Barcelona con pie y medio en semifinales al llegar al descanso con 2-3 en el marcador, resultado que ya no se movería hasta el final del partido en una eliminatoria que confirma el buen momento del Barcelona y el gran estado de forma de Neymar, autor de dos goles.

Parece que Torres, ya hecha la carrera, quiere especializarse en goles rápidos. Así lo hizo en la vuelta de octavos ante el Madrid en cada uno de los dos tiempos, y en esta ocasión no nos dio tiempo a sentarnos cuando ya había marcado a los 40 segundos y empatado la eliminatoria. Mascherano demostró que nació centrocampista y permitió una contra del Atlético que Torres no desaprovechó para driblar al argentino y marcar con un ajustado disparo desde el borde del área. Un buen tanto que neutralizaba el partido de ida y nos mostraba a un Atlético que había salido más enchufado al partido que el rival. No obstante, el Barcelona apartó el manual de estilo y tiró una contra ejemplar en la que Messi, tras hacerle un roto a Mario Suárez, habilitó a Luis Suárez para que el uruguayo cediese a Neymar, quien definió con sobrada soltura. El tridente ya ejercía.

El Atlético estaba obligado a marcar dos goles más, y se puso manos a la obra aunque se quedaría a medio camino. Antes, Jordi Alba tuvo un curioso percance en el que el linier le atizó sin querer con el banderín cayendo al suelo el lateral barcelonista, no sabemos si simulando falta y buscando la amonestación al juez de línea. El árbitro decidió no mostrar la tarjeta a su asistente al no ver intencionalidad en la acción. Poco después se inventaría un penalti cuando Juanfran quiso pasar a través de Mascherano: el pecado del argentino fue estar de pie sobre el césped, y en caso de haber falta, hubiese sido fuera del área. Raúl García no falló el lanzamiento a pesar de que ter Stegen le adivinó las intenciones.

Otra vez se metió el Atlético en la eliminatoria y otra vez el Barcelona se interpuso en su camino, esta vez con un córner sacado por Rakitic que Miranda envió a su propia portería al intentar despejar. Con empate a dos, Griezmann tuvo una clara oportunidad dentro del área pero Jordi Alba hizo las veces de portero y despejó con el codo, penalti que no vio el árbitro: quizá la ley de la compensación. En esa misma jugada, el Barcelona aprovechó el contragolpe para marcar el tercero cuando Messi, hoy lanzador en lugar de goleador, vio a Jordi Alba subir la banda izquierda luego de protagonizar la polémica jugada anterior y asistir a Neymar para que el brasileño sentenciase la eliminatoria.

Cuando los futbolistas acudían al túnel de vestuarios una vez señalado el descanso, una provocación de Neymar a la grada desembocó en una batalla campal que concluyó con la expulsión de Gabi. Simeone declaró al final del partido que ya el objetivo para la segunda parte era no encajar más goles, y a tenor de lo visto, le creemos. Al inicio del segundo acto, el partido se convirtió en la película de acción que advertíamos y vimos cómo Arda Turan lanzó una bota al linier con escasa puntería, con una tarjeta amarilla como toda respuesta del colegiado. El Barça, consciente de su clara ventaja, dejó pasar los minutos mientras el Atlético mostraba su peor cara. Poco fútbol y varias patadas, que mandaron a Mario Suárez al vestuario antes de tiempo. Por si fuera poco llegaba la noticia de que Ansaldi, que no estaba convocado, era detenido fuera del estadio por pillar la mano de un policía con la puerta del coche. La intensidad.

De nuevo el Barcelona demostró tenerle tomada la medida a este Atlético, y ya espera rival para semifinales tras un partido con una primera parte excelsa en goles y emoción y una segunda para el anecdotario, que emborronó lo visto en los primeros 45 minutos.

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Gabriel Caballero