No. Contra pronóstico, pero en una decisión acorde a las que viene tomando desde que se sentó en el banquillo del Real Madrid, Santiago Solari no dio la titularidad a Gareth Bale contra el Barcelona. Como tampoco a Marcelo en el lateral izquierdo. El técnico madridista fue fiel a lo que sobre el terreno de juego se viene evidenciando y ni el galés ni mucho menos el brasileño, se habían ganado estar en la vuelta de las semifinales de Copa ante el Barcelona.

Con esa noticia dio el pistoletazo de salida un clásico que no decepcionó. No careció de intensidad, tampoco de espectáculo. Porque el 1-1 de la ida obligaba a los de Ernesto Valverde a conseguir al menos un chicharro y porque los locales, ante su hinchada, no estaban por la labor de resignarse con un resultado muy ajustado. Messi, en el ojo del huracán tras su exhibición en Sevilla, no brilló esta vez como sí lo hizo en otras tantas. Pero no importó, porque Luis Suárez, con la ayuda de Varane y la complicidad de Dembélé, consiguió romper un partido en el que el 0-3 final es más que engañoso, pero no exime por ello de culpa una vanguardia madridista desprovista de toda pólvora.


Y es que Vinicius, por si quedaba alguna duda, se doctoró ante el archienemigo del club que defiende. Por las botas del brasileño facturó el Real Madrid todo, o la mayoría, de su ofensiva. Demostró descaro, valentía y todo eso que se necesita para ganarse al público del Bernabéu. Pero a sus 18 años, con todo por delante, al carioca todavía le queda mucho camino que transitar. El principal aspecto que debe pulir es, sin duda, el del lanzamiento a puerta: entre los tres palos. Meter goles, vaya. Porque la rapidez, el dribling, y la capacidad de decisión la atesora. No así la de darle dirección al esférico. Por suerte, es algo que de buen seguro mejorará con los meses, con los años. Por desgracia, no hacerlo en noches como las de un derbi, dejan a su equipo sin la final en el Villamarín.

Hacer recaer todo el peso de la eliminación blanca sobre ‘Vini’ no tiene ni pies ni cabeza. Porque aquí lo anómalo es que sea un adolescente el que esté sentando a las defensas rivales y el que a su vez, levante los aficionados de sus butacas. Depurar responsabilidades no es sencillo en un día en el que los blancos lo hicieron casi todo con bastante lógica. Salieron a por la victoria, perdonaron y el Barça, no.

Toda la mala puntería que en duelos como contra el Valladolid o el Lyon se le recriminó al vigente campeón copero la tuvo en el mejor escenario para crecerse. No hizo falta ni la mejor versión de Messi. Esta vez la conexión entre Dembélé y Luis Suárez hizo hincar la rodilla a la zaga merengue. El francés, a sus 21 años, tampoco se vio amedrentado por el ambiente. Se movió sobre el campo sin complejos, como Pedro por su casa, en un costado y en el otro. Desde la izquierda, tras un fabuloso desmarque, nació el primero: pase atrás con la zurda y Suárez para adentro; desde la derecha, nuevo desmarque, galopada, pase medido con la diestra y para adentro el segundo. Dos jugadas más esporádicas que frecuentes por parte culé durante los 68 minutos que duró la emoción, en la que por cierto también destacó —una vez másStegen. Y es que con el primero en contra los de Solari se lanzaron al ataque. Y ya con el segundo —había que meter cuatro—, lo dejaron para otro día.


El ‘9’ aprovechó para reivindicarse —falta hacerlo ahora en UCL— y lanzar el penalti a lo Panenka que sentenció más si cabe la eliminatoria y silenciar, de paso, un Bernabéu que tuvo tiempo de ver unos minutos a Bale, que incluso tuvo una ocasión que dada su funesta finalización, terminó con música de viento por parte de la grada. El Barcelona, sin necesitar una obra de arte, logró llevarse el clásico y buscará su quinta Copa del Rey consecutiva en Sevilla el próximo 25 de mayo. El Madrid, el sábado, buscará la revancha en Liga.

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Fotos | FC Barcelona / Real Madrid

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.