El 2-2 cosechado en el Benito Villamarín hacía prever un partido, nuevamente, muy abierto en Mestalla. El Betis tenía que marcar sí o sí para no despedirse de la posibilidad de jugar la final en casa y el Valencia no podía permitirse dormirse en los laureles ante un rival con clara vocación ofensiva. La realidad es que a los che les salió un encuentro bastante completo, conscientes de la renta de la ida, que les hizo en muchas ocasiones parecer demasiado conservadores ante los verdiblancos, empecinados pero sin encontrar soluciones a su atragantamiento ofensivo. Los de Quique Setién, eliminados hace siete días de la Europa League, completaron su semana ‘fantástica’ a orillas del Turia.

Y eso que la idea sobre plano del técnico del cuadro andaluz no era otra que conseguir al menos un gol durante el primer capítulo. Se le resistió ante el buen hacer de los de Marcelino, que salieron muy enchufados gracias entre otras cosas al calor de la grada, y porque los che estuvieron geniales en el repliegue cuando su rival, que gozó de más posesión y más disparos a lo largo de los 90 minutos, acechaba la portería de un gran Jaume Domenech. Setién salió sin delantero referencia pero con la dinamita de Jesé, que hizo de falso ‘9’ a la vez que Canales, su magistral zurda y su tremenda interpretación del juego, trataban de abrir el campo. Pero el gol psicológico lo terminó anotando antes del descanso el resultado con el que se llegó a la caseta: 0-0.

Porque un gol lo cambiaba todo, tanto para los locales como para los visitantes. Y en la reanudación el cronómetro del Betis inició la cuentra atrás. Las prisas comenzaron a hacer acto de presencia y el Valencia, a la contra, empezó a encontrar a Rodrigo y Gameiro. El tanto que terminaría decantando la eliminatoria, no obstante, llegó de una tremenda jugada iniciada por el tramo derecho por Piccini, que arrancó desde su propio campo, combinó con Gameiro, que le devolvió la pelota; siguió conduciendo hasta lograr filtrar otro genial pase sobre el francés, que ante la salida de Joel se la cedió a Rodrigo, que no falló. Una diana de bella factura que fue la puntilla sobre los heliopolitanos.

Quedaba más de media hora por delante y Setién agotó alguno —Lainez no salió— de sus cartuchos. Entró Loren, luego Tello y terminó dando entrada a Feddal para que ocupara un puesto en punta de ataque. El cántabro buscó primero el olfato de gol, luego el desequilibrio y, a la desesperada, que su central rematara los centros laterales… que apenas se produjeron. Hasta ese momento, Mandi pisó el área valencianista con asiduidad, pero sin fortuna ante los tres palos. Pero Quique tampoco encontró esta vez la fórmula y el sueño de la final se esfumó como el humo de un pitillo mal apagado. Marcelino sustituyó a sus dos apercibidos sobre la cancha —Wass y el Rodrigo— y Mestalla comenzó a celebrar que luchará por un título 11 años después y curiosamente, el de su centenario: contra el Barcelona, el 25 de mayo, en el Villamarín.

Foto | Valencia CF

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.