Las dos caras de Gareth Bale

Como era de esperar, el Real Madrid no dio opción a la sorpresa en su estadio y ganó con comodidad al Espanyol por 3-0. El equipo blanco seguirá una jornada más líder de la tabla pase lo que pase en el partidazo de la jornada (Barça vs Atlético, esta noche) y dice hasta luego al bache que se había cruzado en su camino desde que es Campeón del Mundo. A lo que no dice adiós, sin embargo, es al debate abierto en torno a Gareth Bale, que ayer firmó un golazo de libre directo marca de la casa y que volvió a protagonizar una jugada que ya comienza a ser, también, marca de ‘su’ casa.

Todo transcurría con normalidad. El resultado era favorable. De hecho, hasta ese momento, el galés había sido de lo mejorcito del equipo. Suyo fue el cambio de juego que propició el primer gol de los blancos, que en tres toques desarbolaron la defensa blanquiazul. Bale a la olla, Cristiano al primer toque para James y entre los tres fichajes más caros de la historia del Real Madrid, el balón terminó al fondo de la portería de Kiko Casilla. Antes de la media hora, el propio Gareth lo vio claro para adueñarse de una falta al borde del área en la que Casilla hizo la estatua ante la brutal ejecución.

Ni la expulsión de Coentrao al poco de empezar la segunda mitad hizo tambalear el marcador. El Espanyol, cuando lo intentaba, lo hacía con disparos lejanos que no sorprendían a un serio Iker. Como decía, la normalidad era la tónica de un choque sin demasiado riesgo en el que a la fiesta se había sumado Isco, perfecto en labores de creación. Un pase suyo al espacio y la velocidad de Bale llevaron al galés a un mano a mano con el portero rival que se habría solucionado con sólo una mirada a su izquierda, donde esperaba un Cristiano que también había realizado un eslalon de aúpa para recibir esa asistencia. Bale, como en Valencia, escogió la peor opción: fallar. Si la hubiese metido, elogiaríamos su clase. Pero volvió a marrar. Y ayer porque el electrónico era favorable, pero en Mestalla fue otro cantar.

No tardó en llegar la reprimenda de un Cristiano que casi se lo come como casi se lo come Benzema en Valencia. La voz desconforme se hizo más presente cuando el Bernabéu le silbó minutos después. Su pase en la jugada del primer tanto y su golazo pasaban a un segundo plano. Menos mal que por ahí emergió una nueva jugada fantástica de Isco para relajar los ánimos y sentenciar con el gol de Nacho. Bale pasó de ser aplaudido a pitado. Y el Madrid, con todo, a recuperar las buenas sensaciones, que es en el fondo lo que verdaderamente importa.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.