La llegada de Thibaut Courtois trajo consigo un reguero de pólvora del que apenas queda rastro casi dos años más tarde. El guardameta belga llegó al Real Madrid en agosto de 2018, tras erigirse mejor portero del Mundial de Rusia, Guante de Oro mediante. Un íntimo deseo del conjunto madridista desde demasiado tiempo atrás, y que pudo truncarse en su día si al Santiago Bernabéu hubiese llegado el verano de 2015, David De Gea. El destino y el fax se encargaron de evitarlo.

Pero el paso de Courtois por el Real Madrid no iba a ser ni mucho menos un camino de rosas. Su pasado en el Atlético no se olvidaron de recordarlo los seguidores rojiblancos, que siguen teniendo muy presente aquella impecable oratoria en una celebración, en 2013, de la consecución por parte colchonera de la Copa del Rey.

Pero más allá del leviatán mediático, su principal escollo tenía nombre y apellido: Keylor Navas. El portero de las Champions del Real Madrid. Un arquero con perfil bajo y que desde el trabajo más absoluto, se había ganado el corazón de los seguidores merengues. El costarricense tuvo que aguantar en cada mercato cómo sonaba un jugador para sucederle. Al parecer, no cumplía con el perfil de cancerbero que le gusta a Florentino. Aunque tres entorchados europeos de manera consecutiva, con él bajo palos, lo desmintieran.

La transición en la portería del Real Madrid fue de todo, menos tranquila. La secretaría técnica no pudo deshacerse de Keylor en la 18/19 y el debate estaba servido. El tico fue titular en las dos primeras jornadas y fue relevado en la tercera, donde Julen Lopetegui, por entonces técnico, le dio la alternativa al belga a pesar de cosechar dos triunfos seguidos. En líneas generales, fue un año convulso en la Casa Blanca, por el que pasaron tres entrenadores y con el trauma post-Cristiano sobrevolando. Y Courtois no se convirtió, ni mucho menos, en el salvavidas que en anteriores ocasiones sí había sido Keylor.

En verano de 2019 el PSG se llevó a Navas y la paz, a priori, se instaló en las aspiraciones de Thibaut de gobernar el arco madridista. Sin embargo, hasta la llegada Alphonse Areola puso en jaque su objetivo. Al principio de esta misma temporada tuvo una pésima actuación ante el Brujas que le llevó incluso a ser sustituido por el francés. La versión oficial comentó entonces que se debía a problemas estomacales y consiguiente indisposición. Pero la pitada en Chamartín se escuchó hasta en Marte.

Se perdió el encuentro ante el Granada y ahí apareció Areola. Con 3-0 a favor, el internacional cometió un error de bulto que le costó a los suyos un penalti y a él, una amarilla. Su pifia, unida a la de Courtois días atrás, provocó que a las mentes blancas se le volviera a aparecer un futbolista: Keylor Navas.

No obstante, aquello fue un punto de inflexión. No para Areola, pero sí para Courtois. Las semanas fueron pasando, el Real Madrid reencontrando y sus intervenciones comenzaron a ser vitales. Una de las más recordadas fue ante el mejor rival posible: el Barcelona. Un doble paradón, primero a Arthur y luego a Messi que sostuvieron a los suyos con 0-0 en el electrónico, en un clásico que terminó llevándose el cuadro de la capital, en el tramo final, gracias a los tantos de Vinicius y Mariano. Sucedió el 1 de marzo.

Así, el eterno debate en la portería blanca ha sido confinado por Courtois, cuya seguridad también ha sido clave en el resto de compañeros. De hecho, es el guardameta que menos goles encaja en cuanto a coeficiente (0,67), recibiendo 16 dianas en 24 apariciones. La mejoría de los de Zinedine Zidane atrás es también gran responsable, pero no lo es menos el hecho que el belga, también para más, y en momentos más determinantes. Gracias a ello, ya (casi) nadie se acuerda de Keylor Navas.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.