Ese recuerdo imborrable de la afición del Cádiz tras el juez de línea

Corría la temporada 1993/94 cuando el Cádiz, en Segunda División, recibía al Villarreal para despedir un curso aciago a nivel general, en el que únicamente había logrado cuatro triunfos en 38 jornadas y en el que el desfile de entrenadores ―hasta cuatro― por el Ramón de Carranza se tornó habitual. Aquel equipo, que el verano anterior se había quedado sin dos de sus estandartes como Kiko Narváez y ‘Mami’ Quevedo, rumbo al Atlético en una operación en la que los tentáculos de Jesús Gil hicieron de las suyas al ser la cabeza visible del grupo de inversores al que se traspasaron las acciones del club; y que nada más arrancado el ejercicio también perdió a Moisés Arteaga, que fichó por el Espanyol, deambuló con más pena que gloria hasta confirmar su descenso al barro de la Segunda B.

Pero antes de iniciar una travesía por el desierto que duró nueve años y en el que la sombra de la desaparición planeó en más de una ocasión, la afición cadista dejó para el recuerdo una imagen que, de producirse hoy en día, se convertiría fácilmente en viral. Sucedió el 15 de mayo de 1994 en el duelo que medía a los dos ‘Submarinos Amarillos’ de nuestro fútbol. El Villarreal visitaba el Carranza con la necesidad de lograr los tres puntos para conseguir la permanencia, algo que logró gracias al tanto en el minuto 71 de Cornago, que 120 segundos más tarde acabaría viendo la segunda amarilla y enfilando el camino a los vestuarios.

Pero más allá del resultado (0-1), ese encuentro todavía se recuerda en el sur de España porque los escasos 30 seguidores que acudieron esa tarde al feudo amarillo no tuvieron mejor ocurrencia que, ante la falta de entretenimiento mostrado por los suyos en el verde, acompañar en sus carreras al juez de línea que ese día escoltaba al árbitro principal, Puentes Leira. Una estampa que pone de manifiesto la guasa y el arte del que tanto presumen en Cádiz y que cazaron con total acierto las cámaras de El Día Después para ocupar su famoso espacio de ‘Lo que el ojo no ve’.

Tomarse con humor las derrotas, los fracasos y las crisis. Así debería ser siempre. Ese vídeo, por cierto, lo comenta el inolvidable Michael Robinson, un reconocido y ferviente seguidor del Cádiz, por todo el cariño y afecto que siempre recibió de la ciudad (era Hijo Predilecto) y sus aficionados. Las cosas de la vida han querido que el día que el inglés cumpliría 62 años, el Cádiz consiguiera el ansiado regreso a Primera División 14 años más tarde. Un inmejorable regalo para ‘Robin’, que desde el cielo, seguro que iba ataviado con la banderola amarilla.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.