Y sólo se equivoca Undiano

Neymar celebra el gol

Al paso que vamos lo ideal será que los partidos de fútbol no los arbitre nadie. O sí, mejor: que los arbitre el que los pone a parir cuando le conviene. Recomiendo a futbolistas a que se animen y hagan un curso sobre arbitraje. O mejor: a cebarse con ellos cada vez que dan un mal pase o pierden un balón. Nadie es perfecto, y mucho menos un árbitro, o dos, o tres. Como tampoco lo es un equipo. Si Undiano Mallenco y sus asistentes se han equivocado en un par de acciones puntuales —una o ninguna según el prisma desde el que se vea—, ¿cuántos errores ha cometido el Barcelona o el Real Madrid a lo largo de los noventa minutos? No me acaba de convencer lo de hablar de los árbitros. Y menos para justificar victorias y derrotas. Pero cuando todos los focos —o su mayoría— apuntan al mismo tipo, no queda remedio que salir al paso ante tanta absurda acusación. Undiano no vio una mano dentro del área de Adriano que, bajo mi punto de vista, no influyó en la dirección del esférico. La pelota, de todas, todas, la hubiera atrapado Víctor Valdés. La jugada que desencadenó la rabia de Cristiano fue un penalti que sufrió por parte de Mascherano. Esa acción, con el 1-0, podría haber cambiado el signo del partido, sí. Pero también lo hubiese cambiado el portugués si en un mano a mano con el portero rival la hubiese metido dentro y no al cuerpo de Víctor. Son cosas que pasan.

Dejando a un lado el tema del arbitraje, carnaza para las tertulias futboleras y columnas de medio pelo, el Clásico no decepcionó del todo. Quizá se echa de menos más descaro en ambos bandos, menos miedo a perder, pero en líneas generales y sobre todo en algunos tramos frenéticos, el choque de trenes ha estado a la altura. El 2-1 final amplía la ventaja de los del Tata Martino sobre los de Carlo Ancelotti a los seis puntos tras diez jornadas disputadas. Se trata de un colchón nada despreciable para los blaugrana. Añadiría, incluso, que necesario. Este Barcelona cuando no carbura sufre. Cuando el rival se anima es como si desapareciera del mapa. Y me temo que algún que otro tropiezo sufrirá a lo largo del campeonato. Al Real Madrid lo venció no por su vistosidad con el balón sino por su efectividad con el mismo. Se echan de menos la velocidad en las triangulaciones, la fuerza del colectivo sobre el individuo. Neymar, en su debut en un derbi, estuvo mejor que nadie. Sus ganas, su intensidad, su ilusión por hacer un buen trabajo brilló en el ataque local, formado por el brasileño, por Messi y por Cesc. El argentino cumplió, sin más, y cedió el protagonismo a dos de los que teóricamente responden mejor sobre el verde cuando en él no se encuentra el ’10’. Neymar y Alexis marcaron los goles, el del chileno, un golazo, que colocaron la ventaja en el electrónico del Camp Nou.

Cristiano Ronaldo A Ancelotti no le salió del todo bien la estrategia. No es que hubiese pensado en el penalti que le hicieron a Cristiano, que es a lo que se redujo su rueda de prensa posterior al encuentro, sino que apostó por Sergio Ramos en el centro del campo y por Bale en ataque. El andaluz cuajó un buen encuentro en su nueva posición pero tuvo que ser sustituido por una amarilla que lastró su rendimiento. Al galés apenas se le vio: si mal no recuerdo, un disparo a las nubes fue lo más cerca que estuvo del arco culé. Lógicamente, también acabo sustituido. Las rotaciones en el segundo acto surtieron efecto en el Real Madrid. La entrada de Illarramendi refrescó la elaboración en la medular, Benzema soltó un latigazo que no destrozó la madera de milagro y Jesé, con esa efervescencia que tiene de serie, fue el autor del tanto madridista. A toro pasado, quizá se echó de menos a Isco sobre el rectángulo: más que nada por sus condiciones de jugón y por su calidad inmedible. Pero el Madrid, pese al resultado, no fue para nada inferiorísimo a su archienemigo. En el segundo tiempo tuvo un momento de lucidez, con los citados implicados, que puso en apuros al Barça, por aquel momento sufriendo de los efectos de la dormidina que se inyectó en vena en la caseta. O algo parecido. Justo cuando la inspiración había poseído a los blancos, apareció el escurridizo Alexis para sentenciar.

El ‘9’ había sido una de las entradas de refresco por parte del Tata. Otra cosa no, pero el chileno garantiza un trabajo y un desgaste que en esos momentos le venía de perlas a su equipo, muy agotado físicamente. Total, que Alexis aprovechó un pase de Neymar para encarar a Varane, marcar el tempo, y colocar con una sutil vaselina la pelota en la portería de Diego López. Un golazo de «jugadoraso», el tanto de la tarde, el chicharro que confirma que esta es, definitivamente, su temporada. Una pérdida de Messi en la zona de máquinas permitió a Cristiano lanzar una contra que Jesé no desaprovechó. Pero corría el minuto 91. Apenas quedaban dos para el final. El tanto llegó tarde y apenas hubo tiempo para más. Los tres puntos se quedaron en casa, las críticas a domicilio y, si el resultado hubiese sido otro, seguramente los culés también reclamarían un pisotón de Pepe a Cesc dentro del área. Pero normalmente busca excusas quien no encuentra argumentos. Ancelotti se equivocó dando la titularidad a Bale, que sigue en un estado ínfimo de forma. También en la alineación, como demostraron los cambios. Por último, el italiano repitió error en la sala de prensa, donde no hubo ni un ápice de autocrítica. Pero él no se equivocó. Sólo se equivocó Undiano.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.