quique setien

Quique Setién se las prometía felices el día de su presentación, el pasado 14 de enero. El entrenador cántabro sustituía en el cargo a Ernesto Valverde y entre sus múltiples afirmaciones, dejó una que, cada vez que juega el Barcelona, se le recuerda con cierto sarcasmo:

“Solo garantizo que mi equipo va a jugar bien”

'Quique Setién

Sin embargo, desde que cambió las vacas de su pueblo por el banquillo blaugrana, su discurso, cargado de buenas intenciones, se ha quedado en eso: buenas intenciones. Y en una frase lapidaria que le acompañará hasta que este Barça muestre de una vez por todas su mejor versión. De momento, está muy lejos de ello.

De hecho, apenas hay diferencias claras entre el equipo que sudó la gota gorda para ganar al Athletic Club con un solitario tanto de Rakitic en el segundo tiempo que el que condenó al Txingurri tras la eliminación culé en la Supercopa de España a manos del Atlético.

La gente escuchando a Setién esperaba ver a Cruyff y se ha encontrado con Menotti, como dice el gran Rubén Uría. Pero mucho de los males que sacuden a este equipo no son únicamente responsabilidad de su entrenador. La sensación que transmite sobre el campo es extrapolable a todas las áreas del club, comenzando por su máximo responsable, Josep Maria Bartomeu.

Lo que sí es cierto es que Quique se vino arriba en su presentación y que su promesa era un globo que apenas ha tardado en pincharse. Quedan dos meses de competición y mucha tela que cortar, pero hasta ahora este Barcelona ofrece la misma indolencia que desesperaba a los aficionados barcelonistas meses atrás.

Nadie se explica, por ejemplo, como jugadores como Ansu Fati no tuvieron ni un solo minuto en Sevilla. O cómo Griezmann, en el desplazamiento más complicado de lo que resta de curso para el Barcelona, fue suplente de Braithwaite. Lo del francés también es harina de otro costal. Anoche dio un recital de desmarques que no obtuvieron recompensa por parte de sus compañeros. Es la última opción siempre. No se la pasan. Como si no existiera.

Tampoco nadie se explica por qué Riqui Puig no tiene más minutos. Setién, el mismo que enarboló la bandera de la apuesta por la cantera; que aseguró que jugarían los que mejor estén. Y que ante el Athletic puso a un Arthur más pensando en las pizzas que le esperan en Turín que en duelo a cara de perro ante los leones. Lo del brasileño, como lo de Griezmann, también es harina de otro costal.

En el Barcelona hace mucho tiempo que las cosas no se están haciendo bien, pero eso no es nuevo. Ni quita que con la plantilla que cuenta ofrezcan imágenes tan decepcionantes como las que dio ante el Leganés, el Sevilla o el Athletic. Venció pero no convenció. Y en esta Liga, en la que tampoco el Real Madrid parece convencido de querer ganarla, incluso puede servir si se alinean los planetas.

Como si de la previsión meteorológica se tratara, en Can Barça se avecinan más chubascos. Y no débiles precisamente. El sol parece lejos de que salga en un cielo encapotado y en el que Setién carece de paraguas. Todo, porque aquella declaración de intenciones, fue una verdadera precipitación.

Foto | FCB

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.