No hace tanto

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Ahí están, segundos en la tabla y empatados a puntos con el líder, con sólo un partido perdido de quince disputados y aguantando estoicamente el ritmo del duopolio reinante en nuestra liga. Era un duopolio, al menos, hasta que decidieron que tendría que haber un invitado más en la fiesta por la liga. Y no sólo eso: en la Champions están clasificados ya para los octavos de final tras liderar su grupo brillantemente y con mano de hierro. Y para colmo, aquello de la eterna y negativa racha contra los vecinos vikingos quedó en agua de borrajas con la victoria en la final de Copa y en el último derbi liguero. Si alguien le dice esto a un aficionado rojiblanco hace unos pocos años, su carcajada habría pasado la orilla del Manzanares. No hace tanto, el Atlético de Madrid vivía inmerso en decepciones, fichajes estrambóticos, entrenadores con próxima fecha de caducidad y malos resultados. Por eso, lo que hoy está viviendo con el equipo del Cholo Simeone sabe aún mejor.

No hace tanto era común que la afición atlética acudiese al Calderón con un ojo puesto en el césped y otro en el palco, y que concluyese los partidos más pendiente de esto último que de lo que ocurría sobre el verde, adonde muchas veces no quería ni mirar. Recuerdo especialmente un momento de la reciente historia rojiblanca en el que los ánimos estaban realmente crispados: Javier Aguirre había sido cesado la temporada anterior, y Abel Resino comenzó la campaña 09/10 respaldado por haber alcanzado la clasificación para la previa de la Liga de Campeones, que superó al batir al Panathinaikos en lo que iba a ser la única alegría en algunos meses. Los siguientes estuvieron llenos de sinsabores: un pésimo comienzo de liga, con un único partido ganado en los siete primeros, por no hablar de la horrorosa fase de grupos en la Liga de Campeones, en la que concluyó tercero con tres puntos (tres empates) a un mundo de Chelsea y Oporto, y gracias a que el cuarto era el débil APOEL de Nicosia, a quien fue incapaz de ganar.

La afición estaba harta de lo que ocurría con su equipo, y Cerezo y Gil Marín eran los evidentes objetivos de las críticas por su gestión al frente del club. La confección de la plantilla fue también objeto de las iras de sus seguidores, pero en este punto no estaba de acuerdo. Me vienen a la memoria interminables debates con buenos aficionados rojiblancos sobre el nivel de la plantilla en los que defendía un equipo que para muchos estaba para acercarse a la UEFA y poco más. Allí estaban Agüero y Forlán como referencias indiscutibles e ídolos del Calderón, pero lo que había detrás de ellos no convencía a casi nadie. Maxi y Simao completaban el cuarteto de estrellas del equipo, pero no alcanzaban la regularidad necesaria, y por si fuera poco, se acusaba con frecuencia al equipo de estar partido en dos y carecer de un centrocampista organizador, que era la gran demanda del momento tras el fallido intento con Banega un año antes.

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Los más criticados eran Jurado, que no acababa de encontrar su sitio, y especialmente Cléber Santana, mediocentro brasileño que venía de una cesión en Mallorca donde había rendido bien pero que no dio una a derechas en el Calderón. Cléber era la personificación de la situación del club. Por otra parte, Raúl García no mostraba lo que había apuntado en Pamplona. En la zaga estaban Pablo Ibáñez y Perea, antaño inexpugnable pareja de centrales y en ese momento un coladero. Juanito, campeón de Europa en 2008 con España, llegó libre del Betis pero tampoco se hizo con el puesto. Heitinga no mostró el nivel que se espera de un titular con la selección holandesa y suerte que apareció el prometedor Domínguez. El lateral diestro era cosa de Ujfalusi, uno de los activos más fiables y que precisamente hoy ha anunciado su retirada. Para la portería se había fichado a Asenjo, en aquellos días uno de los más prometedores arqueros de España, pero la presión del Calderón le hizo añicos y sucumbió ante la irrupción de De Gea. Como puntilla, Maxi fichó por el Liverpool en el mercado de invierno. También Cléber regresó a Brasil, aunque no se le echó en falta por el Calderón.

No me parecía tan mala plantilla aquella a la que únicamente había que exprimir lo que tenía, con sus evidentes carencias como el manido centrocampista organizador, y que contaba con dos futbolistas del calibre de Agüero y Forlán. Jugadores como Simao, Reyes, Jurado, Raúl García, Paulo Assunçao, Heitinga, Ujfalusi, Domínguez o Antonio López eran más de lo que se veía en el terreno de juego. La decisión tomada fue la habitual en estos casos: destituir al técnico, y en este caso fue un acierto la llegada de Quique Sánchez Flores al banquillo atlético. El ex del Getafe y el Valencia dotó al equipo de alma, de otra actitud de la que antes carecía, y aunque las cosas no mejoraron mucho en la liga con un noveno puesto final, el Atlético llegó a la final de Copa del Rey, que perdió ante el Sevilla, y alzó la Europa League, la primera bajo esta denominación, al derrotar al Fulham en un épica prórroga en la que Forlán escribió para siempre su nombre en la historia del club.

Sólo han pasado tres años de aquello, aunque pareciera un mundo viendo todo lo que ha pasado desde entonces en la casa atlética: la victoria en la Supercopa de Europa ante el Inter, la marcha de Quique, la tormentosa venta de Agüero, el fichaje y excepcional rendimiento de Falcao, la efímera contratación de Diego como ese centrocampista que el equipo necesitaba y la posterior irrupción de Koke para asumir ese rol… y sobre todo la llegada del Cholo Simeone, con la nueva victoria en la Europa League ante el Athletic y la Copa del Rey lograda en el Bernabéu.

A ningún equipo como al Atlético se le da tan bien manejarse en la distancia entre el cielo y el infierno, que recorre sin ambages. Hoy ya no se mira tanto al palco porque gusta, y mucho, lo que se ve sobre el césped, aunque el aficionado atlético no olvida en manos de quién está el club. Tampoco Simeone, al que poco caso han hecho en la confección de la plantilla. Una plantilla que, a pesar de contar con colosos como Diego Costa y Courtois, no me parece muy superior a aquélla, pero el Cholo está sacando lo mejor a lo que hay. En este equipo, hasta Cléber Santana parecería Mauro Silva.

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Gabriel Caballero