Huele a tiempos mejores

Simeone-Atletico

No quiero llegar a marzo y hablar en pasado.

Qué bien comenzó el Atlético. Y cómo se deshinchó con el paso de los meses. Ya se sabe que jugar las tres competiciones pasa factura. Diego Costa hizo de Falcao en las primeras jornadas, pero qué larga es la sombra del colombiano. Al Atleti le falta fondo de armario. Su estilo de juego es devastador físicamente. Los jugadores han llegado al momento más importante de la temporada hechos caldo. Estaba claro que ésta iba a ser una Liga de dos, o de uno, y que tarde o temprano la barita mágica del Cholo se daría de bruces con la triste realidad.

No. No quiero.

Me encanta ver ganar al Atlético y me apasiona que siga en lo más alto de la tabla acompañando al Barcelona. Quizá echo de menos que los culés no hayan cedido ningún punto para que el histórico comienzo rojiblanco no sea compartido. Pero a los del Tata, como a los del Cholo, les va la victoria. No tiene nada que ver el uno con el otro. Pero el fin, en ambos casos, justifica los medios. Nadie se esperaba que Diego Costa recogiera el testigo de Radamel y que fuera el máximo goleador del campeonato con 10 goles en sólo ocho jornadas. Ni que Simeone extendiera de tal manera las buenas hechuras que ha implantado al club desde que aterrizó. El tándem entre entidad y entrenador es perfecto. El argentino ha insuflado aire a una escuadra con constante problemas de respiración. Ni la incompetencia de sus jefes ha mermado su plan. El año que viene venderán a Diego Costa, quizá a Arda y seguramente haga las maletas Courtois. Pero a grandes males, grandes remedios. Y los del Cholo, que se basan en la actitud, la raza y el coraje por encima de cualquier cosa, son innegociables.

Ojalá hubieran más Atléticos. Y ojalá que subsistieran como lo está haciendo el conjunto madrileño. No hay que subestimarle. Ni tampoco se le puede exigir más. El Cholo pone la estabilidad y los de arriba, con su escasa ambición y sus extrañas decisiones, le añaden la in. En cualquier caso, a todos los colchoneros y a los que no lo somos, no nos queda otra que disfrutar de este momento. Recuerda a los viejos tiempos, cuando cualquiera podía disputarle el título a los de siempre. Huele a añejo, a tiempos mejores.

Y no.

No quiero llegar a marzo y relatar la cursiva del según párrafo, sin cursiva.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.