diego martinez granada
Comenzamos en Notas de Fútbol esta serie de píldoras en forma de posts en los que comentaremos lo mejor y lo peor que nos ha dejado esta Liga recién finalizada, con el Real Madrid como campeón, y en el que analizaremos, con nombres propios, los protagonistas para bien y para mal de un campeonato extraño por las circunstancias que, como cada temporada, nos ha dejado una serie de héroes y villanos. En este segundo capítulo toca juntar letras sobre el mejor entrenador.

No hay discusión. Si el equipo revelación del campeonato ha sido el Granada, su entrenador, Diego Martínez, ha sido el mejor entrenador. Todo un descubrimiento en su primer año en Primera División, a la que llegó después de ascender al conjunto nazarí meses atrás. Al técnico más joven (39 años) de LaLiga le han bastado 38 jornadas para convertirse, más si cabe, en leyenda rojiblanca, ya que la séptima posición en la que ha finalizado el equipo al que dirige le otorga, más que merecidamente, un billete a la Europa League del curso venidero. Un hecho histórico en la ciudad de la Alhambra, que disfruta del momento con un preparador cuya progresión no ha hecho más que acentuarse en los últimos tiempos.

Diego Martínez ha apostado claramente por un esquema de 4-2-3-1 con ciertas variables según los jugadores con los que contara para la ocasión. Partiendo de la base de que la plantilla siempre ha estado de lado del técnico y ha confiado en su receta, en la que el sacrificio y el trabajo han ido de la mano, en la pizarra del entrenador siempre ha imperado el orden defensivo, tratando de cerrar los pasillos interiores y para ello ha contado con un Domingos Duarte que se ha erigido como un central de máxima fiabilidad y un Germán que ha hecho de magnífico acompañante, flanqueados por Carlos Neva o un Víctor Díaz que no le ha hecho ascos a las subidas por banda derecha. A Rui Silva le llueven las ofertas porque su rendimiento bajo palos también ha sido decisivo.

El oficio y la competitividad del Granada sin balón le ha permitido también ser uno de los conjuntos que seguramente más rápido ataca, con mucha verticalidad tras la presión y el robo, con jugadores rápidos como Darwin Machís o todoterrenos como Carlos Fernández (sin olvidar a Soldado), sin duda la referencia de un club con el tercer presupuesto más bajo de la categoría. Yangel Herrera también ha sido clave en la fase de destrucción, con un Azeez que también ha aportado llegada. Por último, una de las claves en los equipos de Diego Martínez, las acciones a balón parado, también han servido tanto para evitar goles como para generarlos. Un problema para los atacantes rivales y un quebradero de cabeza para las defensas contrarias. Todo ello, en una coctelera que ha permitido al Granada incluso ser líder de LaLiga, transitar con imponencia por la tabla y ser uno de los huesos más difíciles de roer de la competición doméstica.

Diego Martínez ha sabido sacar el máximo jugo a una plantilla que ha sido un bloque y que ha creído a pies juntillas en la idea de juego de su mentor. Viendo que su futuro como jugador no iba a ser como él esperaba, inició sus andaduras como técnico. En Tercera dirigió al Motril, hasta que una llamada de Monchi le llevó hasta Sevilla. A partir de ahí, fue escalando en la estructura deportiva hispalense hasta alcanzar el banquillo de su filial, por entonces en Segunda B. Lo salvó y al año siguiente lo ascendió a Segunda. En 2017 fichó por Osasuna, en el que únicamente estuvo una temporada tras no poder meterlo en playoff de ascenso, y posteriormente firmó con el cuadro nazarí, donde acumula éxito tras éxito. Llegó a semifinales de Copa 51 años después y ha clasificado por vez primera a los granadistas para Europa. Si alguien merece un monumento esta campaña en  Granada, ese es Diego Martínez: el mejor entrenador de LaLiga 2019/2020.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.