Liga de dos… genios

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La tarde del sábado fue una de aquellas que invitan a no moverse del sofá salvo para dos cosas: levantarse a buscar la birra de turno o en su defecto, celebrar los goles de alguno de los dos monstruos que se pasearon primero por el Power8 Stadium y después por el Vicente Calderón. De esas tardes de evasión o victoria en la que cualquier aficionado, luzca la bandera que luzca, puede disfrutar. Porque tanto Cristiano como Messi volvieron a evidenciar una cosa: que la Liga vuelve a ser cosa de dos.

Ya: todavía es temprano para asegurar que la pugna por el título se la disputarán Real Madrid y Barcelona; pero lo que nadie puede ocultar es que el mejor futbolista saldrá, con toda probabilidad, del fútbol que emane las botas del portugués o del argentino. No obstante, en este arranque de campeonato del que sólo se llevan tres jornadas disputadas, los blaugrana han sumado sus partidos por victorias logrando dos de ellas en San Mamés y en el Manzanares, destinos más que complicados en los que los puntos valen oro. Y los de Benítez, salvo el tropiezo en El Molinón, se han transformado en una máquina de hacer goles.

Ronaldo, de la sequía al diluvio

Lo escuché en la narración del partido y me pareció todo un acierto como definición de la situación de CR7. Que no había marcado en dos partidos, ni la jornada anterior, en la que al Betis encajó una manita; que si no terminaba de comprender a su entrenador; que si chorrada por aquí y chorrada por allá. Un rival propicio como el Espanyol —el Madrid se siente como en casa cuando juega en Cornellà— fue la excusa perfecta para que Cristiano pasara de la nada a la gloria. De cero goles a cinco. De no estar entre los máximos goleadores a ser Pichichi. Y a superar a Raúl. Y mil historias más. Le salió todo al luso. Lo que hasta ahora había marrado, lo metió. Y se permitió dar una asistencia a Bale. Partido redondo para el crack del Real Madrid. Le hacía falta a él y a su equipo. La Champions, de paso, ya está ahí.

Messi lo cambia todo

No tiene una varita mágica. Teóricamente es futbolista. Pero en realidad Messi es un mago. Quizá no levite, pero hace volar al Barça con su simple presencia. No dobla cucharas, pero rompe defensas. Y si se asoman nubes, con él sale el sol. Contra el Atlético, en uno de los partidazos de la temporada, el argentino fue suplente. Sorpresón para muchos que acabó con final feliz para Luis Enrique, al que muy segurísimamente le estarían cayendo palos si el gol de Torres hubiese sido el definitivo. Pero no. Neymar ejecutó brillantemente un libre directo y le cedió posteriormente el protagonismo a Messi. Leo, sin entrenar y tras ver nacer a su segundo hijo, tuvo suficiente con media hora para acabar con la esperanza atlética. Suyo fue el gol, el desequilibrio y el sosiego para Lucho.

La Liga vuelve a ser cosa de dos… genios.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.